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domingo, noviembre 22, 2015

Mali o cuando su rey inundó de oro Egipto

Mansa Musa
Tras los atentados de París del 13/11/15, el siguiente país en recibir de lleno la amenaza terrorista de los grupos fundamentalistas islámicos ha sido Mali. Este país, ubicado en la parte sur del Sahara, ha sido estos días portada de los noticiarios debido al secuestro de occidentales en uno de los hoteles de su capital, Bamako, que se saldó con una treintena de muertos. En la actualidad, Mali es uno de los países más pobres del planeta y si no hubiera sido por el actual estado de miedo generalizado, difícilmente habría salido en ningún noticiario. No obstante, el caso de Mali es el típico caso de un país que no es, en sí, exactamente pobre, pero que los intereses extranjeros, la corrupción y la inestabilidad interna han hecho que este territorio subsahariano esté, por renta per cápita, en el puesto 135 (España, aunque le parezca mentira, está en el 16). Y lo de que Mali es un país rico, no se dice porque sí, y fíjese hasta qué punto es cierto que en el siglo XIV, un rey maliense, Musa I de Mali, repartió tanto oro entre los pobres de Egipto que incluso hizo bajar su cotización; única vez en la Historia en que una sola persona ha hecho variar el precio del oro de todo un país.

Rutas comerciales de Mali
Mali, a principios del siglo XIV era un potente imperio, con una superficie dos veces la de España, que se extendía desde las orillas del Atlántico hasta el centro de África y que dominaba el comercio de las caravanas de camellos que atravesaban el desierto del Sahara. Gracias a este dominio de las vías de comunicación, a su agricultura, al comercio de esclavos y, sobre todo, a su importantísima minería del oro, el país era una auténtico polo de atracción para toda la élite cultural, política y religiosa de África y Oriente Próximo.

Extensión del Imperio Maliense
En este contexto de bonanza económico-social, los reyes de Mali -de confesión musulmana desde que en el siglo XI el islam llegó a su territorio- eran extraordinariamente ricos y poderosos, dando fama al país por su generosidad y magnificencia. Y, entre todos ellos destacó Musa I, también conocido como Mansa Musa (Rey Moisés)

Musa I en el Atlas Catalán
Musa I, que reinó el imperio maliense desde el 1312 al 1337 (si bien hay dudas al respecto de esta última fecha), era un devoto fiel musulmán que vio en el islam una religión de cultura y civilización de Oriente Medio -normal con unos cristianos fanáticos actuando como talibanes en Tierra Santa-, por lo que hizo todo lo posible para extenderlo por su extenso territorio. Y, como resulta preceptivo para todo buen musulmán, el viaje a La Meca no podía faltar; la única cosa es que tal era la opulencia del rey (en el Atlas Catalán sale dibujado con una pepita de oro en la mano) que la comitiva real fue cualquier cosa menos modesta.

Caravana cerca de Tombuctú (Mali)
Efectivamente, los cronistas de la época cuentan que, en 1324, una inmensa caravana, con una corte que superaba las 60.000 personas, partió hacia La Meca pasando por Egipto y que, como acompañamiento, llevaba entre 80 y 100 camellos que transportaban 300 libras (unos 100 kg) de polvo de oro cada uno. Desde luego, está visto que no le dolía en prendas al amigo.

El Cairo (Egipto)
Según se cuenta, todo el viaje corrió de su cuenta, pagando la manutención a toda la retahíla de acompañantes y repartiendo oro entre los pobres que se encontró por el camino, aunque la apoteosis fue cuando llegó a El Cairo. En la capital egipcia, como continuación de su peregrinaje y de su proceder piadoso, Mansa Musa empezó a repartir a mansalva entre los pobres de la ciudad, el polvo de oro y los artículos de oro que llevaba. Aquello, evidentemente, se convirtió en un festival para los pobres que se beneficiaban de sus generosísimas dádivas... pero toda cara tiene su cruz.

El problema fue volver
Al inundar de oro, literalmente, El Cairo y, de rebote, todo Egipto, provocó que el oro se llegase a devaluar dada la gran oferta del vil metal, lo que llevó a una crisis monetaria al país de los faraones. Crisis que llegó a durar una docena de años, ya que de una cotización de más de 25 dirhams por 1 mithqal (una medida que equivale a 4,25 gm) de oro, pasó a menos de 22, con lo que una economía primitiva basada en el patrón oro sufrió -y no poco- a pesar del aumento repentino de su riqueza por la aportación piadosa de Mansa Musa. Pero no acabó todo aquí...

Una vez que finalizó su periplo hasta La Meca, evidentemente, Musa I tenía que volver a casa, pero tanta limosna y tanto oro había repartido para promocionar el Islam allí por donde pasaba que, al final, se quedó sin nada, por lo que no podía pagar a su tremenda comitiva. La "forzosa" le obligó a pedir prestado dinero (ver La curiosa hipoteca del emperador) a unos intereses usureros porque si no, no volvía a su Mali natal.

Repartió polvo de oro a manos llenas
Sea como sea, Mansa Musa volvió a su terruño en 1325 encontrándose con que sus lugartenientes habían conquistado más territorios para el imperio maliense, por lo que se supone -o al menos las crónicas no cuentan nada al respecto- que el rey no tuvo ningún inconveniente en devolver los préstamos que tuvo que pedir para volver a casa, acabando sus días como uno de los reyes más poderosos de la Edad Media.

En conclusión, la historia nos enseña que Mali -y con Mali el resto de países pobres del mundo- en realidad no es tan pobre como se nos quiere dar a entender. Los juegos de intereses nacionales e internacionales, la corrupción política y la acaparación de riqueza en manos de unos pocos ha hecho que una tierra rica en recursos naturales como ninguna (Mali es uno de los mayores exportadores de oro del mundo) esté en la actualidad dependiendo de la caridad de los países ricos. Una auténtica pena para un poderoso y milenario país que llegó a inundar de oro hasta al poderoso Egipto.


Mansa Musa, un subsahariano digno de salir en los mapas

1 comentario:

Luna de Cristal dijo...

¡Que buena historia ! gracias por compartirla , y así es en Africa donde también está el reino de los diamantes !
conclusión reinos ricos que no son autónomos en la explotación de sus riquezas, tienen pueblos sumidos en la mayor de las pobrezas.
bendecido debió haber sido ese rey tan generoso, no hay muchos.
Ser pueblos libres requiere alcanzar la autonomía económica , en tener ciencia y tecnología propia y no quedarnos con la división internacional del trabajo que viene de siglos , solo productores de materias primas y lo que sigue a eso ...
saludos y gracias por la información.