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jueves, julio 12, 2018

La tribu de los Tasaday, el fraude paleolítico que encandiló al mundo

La tribu de los Tasaday
La tribu de los Tasaday
Cuando se produce un descubrimiento científico remarcable, muchas veces sorprende el ver cómo la misma comunidad de investigadores pone en tela de juicio dicho descubrimiento intentando rebatir las pruebas que se presentan. Desde un punto de vista externo, puede parecer que dichas objeciones tienen el fin de mantener el statu quo de los científicos del momento (y alguna vez sí que puede que lo sea), pero la verdad es que, en este mundo de la investigación, en que el éxito y el renombre van de la mano de sustanciosas subvenciones, si no fuera por esta inmisericorde crítica a degüello, los científicos descubrirían la piedra filosofal tres veces al día (ver El vergonzoso fraude del hombre de Piltdown). O dicho de otra forma, que ante la fama, la sinceridad es un nimio detalle… y si puedo meterla hasta la bola, no nos vamos a andar con remilgos. Y esto mismo ocurrió en 1971 cuando el mundo científico se sacudía con la noticia de que, en Filipinas, una tribu que vivía aún en la Edad de Piedra había sido descubierta: la tribu de los Tasaday. El único inconveniente fue que, con el tiempo, se vio que muy del Paleolítico no es que fueran… 

Manuel Elizalde Jr.
Manuel Elizalde Jr.
En julio de 1971, saltaba a la palestra informativa la noticia de que el empresario filipino (y crápula rematado) Manuel Elizalde Jr había entrado en contacto con una tribu primitiva que vivía aislada del mundo en uno de los confines más perdidos de la espesa selva tropical de la isla de Mindanao. Elizalde, antropólogo aficionado y descendiente de una rica familia de origen navarra que había hecho fortuna en Filipinas cuando todavía era colonia española (ver Rizal o cómo un pacifista hizo perder las Filipinas a España), explicó que aquella tribu -a la que se dio a llamar Tasaday-, habían desarrollado su cultura totalmente al margen de la civilización. Eran el último vestigio que quedaba de la Edad de Piedra y, con las pruebas que aportaba, no era para menos.

Cavernícolas en estado puro (a priori)
Cavernícolas en estado puro (a priori)
La tribu, consistente en unos 25 individuos de diversas edades, vivían tranquilamente en una zona de cuevas de lo que la selva les daba. No conocían el hierro, utilizaban herramientas de piedra, vestían con taparrabos hechos de hojas, no conocían la agricultura y aborrecían la violencia, hasta el punto que su lengua no tenía una palabra que significara “guerra”. Una auténtica burbuja de inocencia humana descubierta gracias a los contactos de un cazador local, dando aviso de su descubrimiento a Manuel Elizalde.

Portada del National Geographic
Portada del National Geographic
Elizalde que, desde 1968 era consejero del dictador Ferdinand Marcos para asuntos indígenas, había creado la fundación Panamin, una ONG privada pero subvencionada por el estado para salvaguardar las minorías étnicas en Filipinas y, con ella, se dedicó a gestionar el legado de los Tasaday. El revuelo que se formó fue monumental en todo el mundo y pronto montones de antropólogos, amén de gente famosa, demostraron su interés por visitar a aquellos que habían vivido en aquella auténtica burbuja en el tiempo. Se escribieron libros e incluso National Geographic les dedicó la portada y un reportaje de 32 páginas. Con la tontería, Elizalde fue capaz de recoger 35 millones de dólares para los tasaday. Dile tonto.

Ferdinand Marcos y su mujer Imelda
Marcos y su mujer Imelda
Para evitar desmanes con los posibles visitantes, semanas más tarde se bloqueó con guardas el acceso a los indígenas y en abril de 1972, Marcos ordenó una zona de exclusión de 182 km2 alrededor de sus cuevas. Tan solo Elizalde y un selecto grupo de 11 antropólogos tendrían oportunidad de visitarlos. En 1976, la instauración de la Ley Marcial en todo el país por parte de Marcos cortó de raíz cualquier posible estudio. No obstante, la comunidad científica internacional tenía la mosca detrás de la oreja desde hacía tiempo, ya que había cosas que no cuadraban (vivían a tan solo 3 horas del pueblo más cercano, por ejemplo) y corrían voces críticas con el régimen que acusaban a Marcos y a Elizalde de utilizar a los cavernícolas en su propio beneficio. La polémica entre los que creían que eran falsos y los que eran verdaderos quedaba servida.

En 1986, el régimen dictatorial de Marcos se vino abajo, poniendo los pies en polvorosa y huyendo a Hawaii, dejando a las Filipinas sumidas en el caos. En medio de este caos, el periodista suizo Oswald Iten vio la oportunidad de visitar por su cuenta a los tasaday y ver qué era lo que había de verdad o de mentira en ellos. Se quedó de pasta de boniato.

Vivían en chozas y cultivaban (foto de 1986)
Vivían en chozas y cultivaban
Según su testimonio, cuando llegó a la zona de las cuevas, allí no había nadie. Los tasaday habían dejado las cuevas y vivían en unas chozas al otro lado de la montaña, pero no solo vivían en chozas, sino que se dedicaban a la agricultura y vestían con ropas normales al estilo tradicional. De los hombres prehistóricos no quedaba nada y, cuando les preguntó el porqué de aquello, le dijeron que habían sido presionados por Elizalde para que actuaran como hombres de las cavernas a cambio de protección y para conseguir dinero. No en vano, Elizalde, ante el caos político, salió del país en 1983 con no menos de 1 millón de dólares procedente de Panamin.

Vaciando troncos con herramientas de madera. Paripé por intereses de Estado
Paripé por intereses de Estado
Según parece, Marcos (muerto en 1989) y Elizalde (muerto en 1997 en extrañas circunstancias) habrían orquestado el paripé mediático de los tasaday con fines publicitarios del régimen ante su población (tener en el país unos “ejemplares” únicos en el mundo de filipinos primigenios reforzaba el orgullo patrio) y ante el mundo, dado que en aquel momento Marcos reclamaba sus derechos sobre el estado malayo de Sabah. La situación estuvo bajo control hasta el hundimiento del tirano, cuando se destapó el pastel. Todo había sido una treta… o no.

Una tribu real, pero no paleolítica
Una tribu real, pero no paleolítica
A pesar de que la situación había sido un montaje, la realidad es que los Tasaday existían de verdad. Si bien no eran los “unicornios rosas” de la antropología moderna en forma de hombres primitivos que aún vivían en grutas, sí que eran una tribu prácticamente aislada en medio de la selva filipina que utilizaban las grutas con cierta asiduidad. Según estudios lingüísticos, los tasaday estaban relacionados con grupos relativamente próximos, de los cuales se habrían separado a mediados del siglo XIX como forma de escape ante una epidemia, y se habrían mantenido durante generaciones con un mínimo de contacto con el exterior. No eran familiares de Pedro Picapiedra, pero aún guardaban elementos culturales extraordinarios.

Los tasaday, en moto
Los tasaday, en moto
En definitiva, que, en la actualidad, los tasaday son más de un centenar, van en moto, tienen teles, visten normalmente y cultivan sus cosechas. Nada diferente de otros grupos humanos. No obstante, la publicidad a nivel mundial que recibieron –y que, según sus propias declaraciones, les hizo más mal que bien (lo tranquilos que estaban ellos con sus plantitas)- sirvió para poner en candelero la polémica de los grupos indígenas que, en las zonas más remotas del planeta viven su vida al margen de los iPhone y el Mundial de fútbol (ver El sexto sentido de los caníbales con cara de perro). ¿Tenemos derecho a perturbar su medio ambiente? ¿Viven atrasados y tenemos que ayudarlos? ¿Hemos de tenerlos en reservas como si fueran animales? Toda una serie de preguntas sin respuesta clara sobre unas sociedades en extinción que, mientras deliberamos si son galgos o podencos, simplemente estamos perdiendo a marchas forzadas.

Y es que, cuando tengamos las respuestas, ya no habrá mundo que salvar.

Desgraciadamente.

Una burbuja de inocencia antropológica explotada. Los tasaday en su caverna.
Una burbuja de inocencia antropológica fraudulenta

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