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Santa Eulàlia, la historia del barrio más hospitalense de todos (2)

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La capilla de Collblanc, la ermita barroca escondida entre platos de sushi

La capilla de Collblanc, un patrimonio escondido
La capilla de Collblanc, un patrimonio escondido
Si bien L'Hospitalet ha tenido que soportar durante el siglo XX la falacia -a todas luces interesada- de que la ciudad no tenía historia (ver La Talaia de L'Hospitalet, el símbolo inerte de una ciudad iconoclasta), ha sido en los barrios del norte del municipio -Collblanc, Torrassa, Pubilla Casas...- donde este mantra se ha oído con mayor intensidad e insistencia. El hecho de que la población se estableciera en estos páramos, otrora deshabitados, aprovechando el crecimiento de Sants a lo largo de la carretera real (hoy Carretera de Collblanc) y los intentos denodados de Barcelona por absorber L'Hospitalet (ver El puente de la Torrassa, el metro y el fallido intento barcelonés de anexionarse L'Hospitalet) han dado pie a pensar que, por allí, lo más antiguo que hay son los semáforos que separan una acera de otra. Nada más lejos de la realidad. De hecho, en plena Carretera de Collblanc, sin que lo sepa prácticamente nadie de los millones de personas que circulan por delante suyo, se esconde lo que fue una capilla barroca cuyo origen sería anterior al siglo XVIII. ¿Que no la ha visto nunca pese a haberse dejado medias suelas pasando por delante suyo? Quédese un ratito más, que se la muestro.

Carretera de Collblanc (2019)
Carretera de Collblanc (2019)
El tramo de Carretera de Collblanc entre la Riera Blanca y la Travessera de les Corts es, sin dudarlo, uno de los puntos más concurridos de Hospitalet. El hecho de encontrarse en uno de los barrios más densamente poblados de Europa, de tener a pocos metros dos salidas de metro, una parada de autobús, el mercado de Collblanc y el Camp Nou, hace que la cantidad de gente que por allí se mueve sea absolutamente demencial, sobre todo en época de pandemia. Esta situación ha hecho que, en el número 29, entre los mazacotes bloques de pisos que lo rodean, pase totalmente desapercibida una estrecha casa de dos pisos entre medianeras que, en la actualidad, está ocupada por un restaurante asiático dedicado al sushi. Pues bien, ésta casa, ahí donde la ve, fue desde 1888 hasta 1925, la conocida como capilla de Collblanc, una pequeña ermita dedicada a la Mare de Déu de la Mercè, y única iglesia de la zona donde escuchar misa durante aquella época... siempre y cuando no les apeteciera patearse kilómetro y medio hasta las parroquias de Santa María de Sants o de Santa Eulalia de Provençana (ver La infame capada del ábside milenario de la ermita de Santa Eulalia de Provençana), claro está. Pero... ¿cómo pudo acabar un templo católico siendo un templo oriental a la fritanga y el pescado crudo? El crecimiento poblacional del barrio tienen la culpa.

Collblanc en un plano de Barcelona (1843)
Collblanc en un plano de Barcelona (1843)

Para conocer la historia de esta capilla hemos de remontarnos al siglo XVIII, en que la Carretera Real (actual Carretera de Collblanc -N.340) comunicaba Barcelona con el resto de la península. Esta carretera que corresponde a la actualización el 1790 del ramal de montaña de la antigua Vía Augusta (ver El triste fin de un puente Real), una vez que cruzaba el pueblo de Sants y antes de llegar a Esplugues de Llobregat, atravesaba una zona agrícola prácticamente desierta, si no fuera por unas pocas masías que crecían al borde del camino. Y justo en el punto estratégico donde se juntaba la Travessera de les Corts y la Carretera Real, había un hostal (que se cree que ocupaba el solar del actual Gratacels de Collblanc -ver El pionero pero olvidado Rascacielos de L'Hospitalet) y una masía, la cual disponía desde antiguo de una pequeña capilla. La masía se conocía como Can Saurí y la capilla, adosada a la casa, correspondería a nuestra protagonista; siendo considerado el conjunto de estas edificaciones como el germen del actual barrio de Collblanc.

Capella de Collblanc (1921)
Capella de Collblanc (1921)
La capilla en sí era de dimensiones muy modestas. El edificio hacía 4,45 m de ancho por 10,25 m de largo y unos 8 metros de alto, lo que daba para acoger a unas 50 personas a lo sumo. La fachada, completamente lisa, destacaba por estar esgrafiada, por tener un ventanuco (un óculo) y por tener un campanario de espadaña en el tejado. La capilla de Collblanc no era ninguna obra maestra del barroco -a falta de saber qué es lo que se esconde bajo el enfoscado actual- , pero era práctica y más que suficiente para el uso que se le daba ya que, excepto los viajeros de paso por la carretera, por allí no pasaba ni el obispo. Sin embargo, a finales del siglo XIX, la cosa iba a dar un vuelco.

El crecimiento de Barcelona y los pueblos aledaños hizo que, a partir de 1850, se instalasen algunas industrias en la zona de Collblanc. Esta disposición de nuevos puestos de trabajo atrajo la población, la cual se dispuso a lo largo de la carretera alrededor del hostal, Can Saurí y su capilla. Ante esta situación, y ante la falta de iglesias cercanas que “recondujesen” el espíritu ateo del nuevo barrio que estaba conformado, en 1888 se dio permiso a que se celebrasen misas públicas en la capilla de Can Saurí, que pasó a ser la capilla “titular” de Collblanc. Con todo, las bodas, los bautizos y los entierros tendrían que seguir haciéndose o en Sants o en Provençana, la cual cosa no dejaba de ser más que una tocada de lo que no suena para los feligreses afectados.

Sant Ramon Nonat y la capilla del Santíssim (d)
Sant Ramon Nonat y la capilla del Santíssim (d)
El cambio de siglo significó el comienzo de la urbanización masiva de los terrenos de Collblanc y con ella, del crecimiento disparatado del número de residentes de la zona. Incremento de residentes que pronto dejaron pequeño el aforo de la capilla de Collblanc y que el obispado de Barcelona decidió solventar levantando una nueva parroquia, esta vez dedicada a San Ramón Nonato, unos 200 metros más arriba, en territorio barcelonés.

Así las cosas, viendo que los parroquianos en la capilla de Collblanc estaban como piojos en costura y las tendencias anticlericales del barrio, en 1925 se construyó la capilla del Santíssim, una pequeña iglesia con capacidad para unas 150 personas que daría los servicios religiosos a los 12.000 habitantes del barrio de Collblanc-Torrassa en sustitución de la minúscula capilla de Nª Sra. de la Mercè. Tarea que cumplió mientras que no se levantaba el edificio principal, la adyacente iglesia de San Ramón Nonato, de estilo neorománico y con capacidad para 500 personas, las obras de la cual comenzaron en 1932, inaugurándose efectivamente en 1935. Que en 1936 le metieran fuego, ya es harina de otro costal...

Dintel indicando el año de su reforma
Dintel indicando el año de su reforma
Por su parte, al entrar en funcionamiento la capilla del Santíssim, la capilla de Collblanc dejó de tener sentido y la Iglesia desacralizó el edificio, vendiéndolo como si fuera una casa más del barrio. De esta forma, aprovechando los muros perimetrales, el espacio diáfano de la única nave de la capilla y el tejado, se reformó todo el interior, eliminando los elementos religiosos y convirtiéndola en una vivienda de planta baja y dos pisos. Reforma que se concluyó en 1929, tal y como reza el dintel de la puerta de entrada, comenzando a partir de entonces una vida útil al margen de la historia religiosa que había tenido durante los últimos siglos.

Vista interior. El muro de piedra evidencia su origen.
Vista interior. El muro de piedra evidencia su origen.
En la actualidad, la antigua capilla de Collblanc acoge, como he comentado antes, un restaurante japonés dedicado al sushi que, entre la profusa decoración asiática, destaca por su estrechez y por los estéticos muros de piedra irregular de Montjuïc que denotan una antigüedad poco habitual en las construcciones de la zona. Un edificio, hoy desapercibido y desconocido para todos, pero cuya importancia llegaría hasta el día de hoy, debido a que se cree que habría sido el patrón de alineación de las casas de esta parte de la Carretera de Collblanc cuando se construyó la Carretera Real en 1790. Una conclusión a la que se llega cuando nos damos cuenta de que todo el resto de casas de la acera son más modernas y siguen su misma alineación.

En definitiva, un ejemplo de las historias y el patrimonio que se esconden por los más inesperados rincones de L'Hospitalet.

¿Quién dijo que no teníamos historia

 

La antigua capilla de Collblanc, hoy convertida en restaurante

Webgrafía

Comentarios

Unknown ha dicho que…
Interesante historia, a ver si consigues indagar sobre los túneles subterráneos que recorren toda esa zona empezando desde la iglesia de Sant Ramon nonato. Saludos
Ireneu Castillo ha dicho que…
Muchas gracias, Unknown. A ver si investigo un poco y saco alguna cosa interesante sobre esos túneles que comentas. Espero que me de para un artículo. ;-)
Ernesto Escobar ha dicho que…
Después de cirto tiempo sin leerlo, regreso este principio de año a deleitarme con los interesantes, amenos y bien documentados posts de el buen Ireneu, de quien mas de uno del ayuntamiento debería aprende algo, no tanto por el afan de saber y conocer, si no por el amor al terruño, de esa sabrosa historia que nos vino dando lo que hoy tenenemos en nuestros entornos. Pero bueno, la memoria historica siempre se olvida de que el que no conoce su historia esta empeñado en destruirla. Gracias amigo Ireneu por compartir estas entradas, desde una esquina de México, ¡feliz año nuevo
!
Ireneu Castillo ha dicho que…
Muchas gracias, Ernesto, por tu visita y tus amables comentarios. Espero que pueda seguir compartiendo entradas con las que puedas disfrutar de nuestra historia que, al fin y al cabo, es la historia de todo el mundo. Recibe un fuerte y afectuoso abrazo y que este nuevo año te venga lleno de salud y prosperidad. ☺️

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