L'Hospitalet o cuando los inmigrantes robaban las mujeres a los autóctonos

L'Hospitalet, ciudad de inmigración desde el s.XVI
L'Hospitalet, ciudad de inmigración desde el s.XVI
Que L'Hospitalet es una ciudad de inmigración es algo que, a estas alturas, tendría que ser de Perogrullo, ya que la práctica totalidad de sus pobladores tienen su origen fuera del municipio. No obstante esta situación harto conocida, se producen constantes rifirrafes entre los mal llamados "autóctonos" y los peor llamados "forasteros", en que los elementos más extremistas intentan atiar el racismo y el odio hacia los otros. Un odio en defensa de unos ¿derechos de pernada? en que los "demás", que no son como ellos, son unos seres inferiores y han venido a invadirlos. Personalmente, la gente que defiende estos términos no puedo, por menos, que tratarlos de ignorantes, en tanto que lo que creen estar viendo -convencidos hasta la médula de que hay un poder en la sombra que está conspirando contra ellos- es un auténtico fuego fatuo que no se corresponde con la complicadísima y desconocida historia que hay detrás de la realidad social de L'Hospitalet de Llobregat. Y como muestra un botón...¿sabía usted que L'Hospitalet es un pueblo de inmigración como mínimo desde el siglo XVI? ¿Y que los de aquí se quejaban que los de fuera les quitaban las mujeres? Pues quédese un ratito a leer estas líneas que verá cómo, en cuestión de inmigración, no hay nada nuevo bajo el sol del Samontà y la Marina.

Las oleadas inmigratorias han modelado la ciudad
Las oleadas inmigratorias han modelado la ciudad
Cuando hablamos de oleadas migratorias de L'Hospitalet, todo el mundo se acuerda de las producidas en los años 60 a 80 y de las que, más recientemente, se han producido a partir de los años 2000. En las primeras, el contingente de emigrantes mayoritariamente provenía de Andalucía y en las segundas, de Latinoamérica y del Magreb. Una oleadas de población foránea que en su llegada provocaron conflictos con los que habían llegado antes que ellos en una suerte de "Síndrome del Penúltimo" que se resolvía (y resuelve) con episodios de violencia y mucho racismo gratuito. Mucho. Sin embargo, pocos se acuerdan de la llegada masiva de gente de Almería y Murcia durante los años 20 del siglo XX, ni de los valencianos que llegaron a finales del siglo XIX, ni de los catalanes del interior que llegaron a raíz de la construcción del Canal de la Infanta... y, ni mucho menos, de las galeradas de gente proveniente de Occitania que llegaron entre 1520 y 1640. ¿Inmigrantes del sur de Francia? Pues sí, aunque le pueda parecer mentira. Pero pongamos todo en contexto.

El triunfo de la muerte, de Peter Brueghel (1562)
El triunfo de la muerte, de Peter Brueghel (1562)
A mediados del siglo XV, más allá de la caótica situación política (ver Martín I de Aragón, un ataque de risa y el desquiciado final de una dinastía real), Catalunya había quedado hecho un auténtico solar. Pasados los años en que la corona catalano-aragonesa era la que cortaba el bacalao a orillas del Mediterráneo, la guerra y las epidemias de peste se encarnizaron de mala manera con la población catalana, la cual llegó a perder hasta la mitad de sus pobladores. De 500.000 almas en el s.XIV, Catalunya había pasado a tener unas 250.000 en el siglo XV, una crisis profunda de todo el tejido social, político, económico y productivo catalán que no había forma de remontar. No en vano Barcelona había pasado de tener 50.000 pobladores a tan solo 20.000 y L'Hospitalet de tener unos 400 a unos 200. Un delta del Llobregat en expansión, con cada vez más tierras cultivables, pero con cada vez menos brazos que lo trabajasen. Un desastre, vamos.

Mapa de Occitania
Mapa de Occitania
En esta tesitura, los pobladores de las tierras occitanas vieron en la emigración hacia Catalunya una forma de dar salida justamente a un exceso de población que no encontraba futuro en su patria. El crecimiento de la población, junto a la costumbre de que el primogénito se quedaba todo, hacía que hubiera un auténtico ejército de hombres jóvenes occitanos pobres, con ganas de prosperar en la vida, pero sin posibilidades reales de hacerlo. Si a eso añadimos las guerras de religión entre protestantes y católicos del siglo XVI y los estrechos lazos culturales entre Catalunya y Occitania (son las lenguas más cercanas entre ellas), la opción de emigrar hacia el sur se convirtió en poco menos que una obligación.

El 92% de inmigrantes occitanos eran hombres
El 92% de inmigrantes occitanos eran hombres
Se estima que unos 200.000 occitanos llegaron a Catalunya, de los cuales el 92% eran hombres y tan solo el 8% eran mujeres. Esta espectacular cantidad de mano de obra se dedicó generalmente a las tareas agrícolas y de construcción y se instaló por todo el país, pero sobre todo en Barcelona y Baix Llobregat. Valga como ejemplo que en L'Hospitalet, se estima que la cantidad de población de origen occitano pudo llegar a superar el 40% de la cantidad total de habitantes. Si de unos 300 habitantes, 120 eran forasteros, puede imaginar que los contactos entre ambas comunidades estaban que echaban chispas.

Los parroquianos no entendían al cura
Los parroquianos no entendían al cura
Los conflictos documentados eran de lo más variopinto -y de lo más actual- que se les pueda ocurrir. Desde los que se quejaban de peleas por el juego -incluso con un muerto en L'Hospitalet, qué novedad-, pasando por borrachos, por ladrones, por ruidosos, por ser gente de mal vivir, e incluso de violentos, sin olvidar los problemas lingüísticos. Tal era la falta de mano de obra que incluso la Iglesia tuvo que reclutar a capellanes occitanos para atender las parroquias catalanas, siendo la inmensa mayoría de las parroquias del Baix Llobregat atendidas por clérigos occitanos. Unos clérigos que, si bien, en las misas no tenían ningún problema (al fin y al cabo, eran en latín), cuando llegaba el momento del sermón o de las confesiones y tenían que hablar en lengua vernácula a los parroquianos, éstos -por mucho que chapurreasen el catalán y cercanas que fueran las lenguas- no les entendían ni papa, elevando quejas al obispado por ello. No obstante, no se quedaron aquí.

El 35% de bodas eran entre catalanas y occitanos
El 35% de bodas eran entre catalanas y occitanos
El hecho de que buena parte de esta población inmigrada estuviera formada por hombres de entre 16 y 18 años con la hormona más alterada que la pandereta de un mono y con genes centroeuropeos (altos, rubios y guapetones) hizo que entraran en competencia directa por las féminas autóctonas. Una competencia que hacía que la proporción fuera de una mujer prácticamente cada dos hombres, y unas mujeres catalanas a las que atraía de mala forma el elemento exótico de los francesitos... para disfrute de los elementos masculinos autóctonos, que veían que a lo máximo que podían aspirar era a formar una banda de zambombas. ¿Y en qué derivó? Pues en que un 35% de los matrimonios fueran entre catalanas y occitanos y en quejas -documentadas- en que amenazaban de muerte a los "gabachos" (sic) si intentaban ligárselas antes que ellos. Está visto que Els Amics de les Arts no inventaron nada cuando cantaban aquello de "Heu vingut a robar-nos les dones" (habéis venido a robarnos las mujeres).

Retablo de Sant Roc de l'Hospitalet (detalle)
Retablo de Sant Roc de l'Hospitalet (detalle)
Sea como sea, a partir de 1620, la afluencia de gentes del sur de Francia, fruto de las guerras entre España y Francia en las que Catalunya se encontraba inmerso se cortó, haciendo que gran parte de este contingente de fuerza occitana se quedara. Una radicación que hizo que con el tiempo se integraran (la cofradía de Sant Roc era la de los extranjeros) y fueran un revulsivo que ayudó a la población catalana a remontar poblacional, económica e -incluso- genéticamente. 

Los inmigrantes de ayer son los autóctonos de hoy
Los inmigrantes de ayer son los autóctonos de hoy
En definitiva, un ejemplo histórico que marca que los actuales problemas de convivencia en los barrios de L'Hospitalet, no son una anomalía, sino que son la norma repetida en el tiempo hasta la nausea. Una situación que nos enseña que la actual ni ha sido la única oleada inmigratoria, ni será la última, y que los inmigrantes de hoy serán los autóctonos del mañana, en un eterno ciclo de idas, venidas, conflictos y mezcolanzas que se van difuminando conforme que pasa el tiempo. Por último solo cabe decir que, la mayoría de contactos entre occitanos y catalanes fueron cordiales y sin problemas, pero solo nos han quedado documentados los que se quejaron, una prueba más de que, quien grita más alto, normalmente solo hace más ruido.

Quien quiera aprender, que aprenda.

Una integración social que se ha repetido continuamente en la historia
Una integración social que se ha repetido continuamente en la historia

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