El desconcertante esqueleto romano que se halló bajo un edificio de L'Hospitalet

Esqueleto hallado en la excavación del ascensor
Esqueleto hallado en la excavación del ascensor
Que salte a la palestra informativa que ha habido un muerto en L'Hospitalet es hasta cierto punto habitual, conociendo la tendencia de los tabloides a hacer astillas del árbol caído hospitalense. Tanto da que, datos en mano, Barcelona, Sant Adrià de Besós o el Prat de Llobregat tengan ratios de denuncias netamente peores que los nuestros, que la percepción que se tiene de este villorrio es que el Bronx, a su lado, es un convento de monjas clarisas. Sea como sea, encontrarse con un cadáver por las calles de L'Hospitalet no es tan habitual como pueda parecer en los medios (es más normal encontrarse una caca de perro, la verdad), pudiéndose entonces imaginar el susto morrocotudo que se llevaron unos sencillos albañiles cuando, cavando para instalar un ascensor en la finca de la calle Joan Pallarès, 32, a pocos metros del Museu de L'Hospitalet, se dieron de bruces con un esqueleto en una posición que no era normal. ¿Qué había pasado aquí? ¿Quién era el muerto? ¿Por qué estaba allí tirado? ¿Era un represaliado de la Guerra Civil? Con todos estos interrogantes en el aire un nuevo episodio de "CSI L'Hospitalet" se puso en marcha...

El cuerpo estaba boca abajo
El cuerpo estaba boca abajo
A pesar de la mala fama que tenemos en L'Hospitalet, los únicos cadáveres humanos que se han encontrado enterrados han sido los que se descubrieron en el solar del antiguo cementerio durante las obras del parking de la Plaza del Ayuntamiento y en los cimientos de la ermita de Bellvitge (ver Un iceberg llamado ermita de Bellvitge). Es por ello que, encontrar un cadáver a poco más de un metro de profundidad bajo el suelo de un edificio construido durante los años 60, llamó la atención por si tenía algo que ver con la Guerra Civil. Avisados los Mossos d'Esquadra del descubrimiento, enviaron la Unidad de Investigación que los Mossos tienen en la comisaría de L'Hospitalet a intentar sacar el agua clara de tan tétrico hallazgo.

Etiqueta de registro de los huesos
Etiqueta de registro de los huesos
Recogidos los restos del finado al mejor estilo hospitalense, es decir, recogiendo los huesos en bloque (para que no se rompieran), sin identificarlos, solo tomando unas fotos y sin ningún protocolo técnico sistemático al uso, a las 17:24 h del 26 de septiembre de 2019, los Mossos daban entrada al esqueleto en el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Catalunya. Parecería que Carles Porta ya estaba preparando un nuevo episodio de "Crims", pero tres meses después los Mossos dictaminaban que los restos hallados, efectivamente eran humanos... ¡pero de época romana! ¡toma ya! Pero... ¿qué hacía un cadáver de casi 20 siglos en medio del Hospitalet más urbanizado? El asunto tiene mucha más tela de la que pudiéramos pensar...

Etiqueta de registro de los huesos
Cerámica hallada con el esqueleto
Cuando se retiró el esqueleto, lo que se pudo ver es que el cuerpo se encontraba boca abajo y con la cabeza en una posición más baja que los pies, por lo que rápidamente se vio que no era un entierro al uso sino que estaba poco menos que tirado de cualquier forma. Lo que llamaba también la atención era que si bien todos los huesos estaban relativamente bien preservados, el cráneo estaba fragmentado (no se pudo recomponer la cara) y la cavidad torácica estaba llena de arcilla compactada entre la que se hallaron restos de cerámica y vidrio. Sin embargo lo interesante llegó cuando empezaron a hacer el estudio antropológico de los restos y su estado de salud.

Caracoles encontrados entre las costillas
Caracoles encontrados entre las costillas
Tras analizar los huesos, su salud y todo lo que les rodeaba, se llegó a la conclusión de que el muerto se trataba de un hombre joven de 1,68 m de alto, de unos veintitantos años y que, gracias al estudio de la cerámica aportada, tendría que ser de entre los siglos III y IV d.C., es decir de época romana tardoimperial. También se concluyó que el cuerpo se pudrió in situ, es decir que quedó tirado de cualquier manera encima del suelo, debido a la presencia de conchas de caracoles en los sedimentos que tenía entre las costillas y que se habrían alimentado de él. Para que después vayan ustedes comiendo caracoles.

¿Enfermedad o prueba de violencia física?
¿Enfermedad o prueba de violencia física?
Lo que llamó la atención también es que los restos confirmaban que el individuo tenía los huesos muy carcomidos para su edad (incluso con episodios de mala salud y de desnutrición severa), así como un desgaste anormal de los huesos de las piernas que hablan de alguien que hacía mucho ejercicio con el tren inferior o había pasado largos períodos en cuclillas. Lo que no se pudo llegar a saber es de qué había muerto, ya que los huesos no tenían rastros de violencia. ¿Muerte natural? ¿Asesinato? Tan solo una antigua marca redonda en el parietal derecho se ha conservado, si bien los técnicos no saben si fue una contusión que casi rompe el cráneo, un tumor o una infección. Lo que sí resulta evidente es que el individuo no era de clase alta y que, muy posiblemente, fuera un esclavo... y como dice mi cuñado..."bastante trabajado". ¿Pero en qué contexto deberíamos ver este descubrimiento? A ver si se lo puedo sintetizar...

Jardines de Casa Espanya (1949)
Jardines de Casa Espanya (1949)
El terreno en el que se hizo el descubrimiento del esqueleto romano había sido, hasta los años 60, parte de los jardines de la Casa Espanya, un espacio que se mantuvo sin urbanizar durante prácticamente toda la historia de la casa, hasta que el alcalde Matías de España-Muntadas quiso pegar un pelotazo urbanístico de antología (ver La Casa Espanya, el histórico patrimonio hospitalense que no se demolió por los pelos). Salvando esta historia reciente, la Casa Espanya se encuentra limitada a poniente por la calle Xipreret, que se cree que es la continuación en el tiempo de un camino romano que comunicaba la Vía Augusta litoral (el Carrer Major) con la Vía Augusta de montaña (la carretera de Collblanc / N-340) remontando el lecho de la riera de l'Escorxador, la cual nacía cerca del Puente de Esplugues, lo cual habla de su antigüedad. En la época de nuestro difunto hospitalense este territorio debía estar ocupado por bosque mediterráneo, si bien se conoce la existencia de un "praedium" romano -una finca, vamos- conocido como Quintiano en las proximidades y que sería el predecesor del actual L'Hospitalet-Centre (ver L’Hospitalet-Centre, breve historia de un barrio muy descentrado). No en vano, en la plaza del Ayuntamiento se han encontrado gran cantidad de restos de cerámica romana, la mayoría sin catalogar, ni estudiar todavía...en fin. ¿Y nuestro personaje? Pues no se sabe. 

Los esclavos romanos tenían una vida durísima
Los esclavos romanos tenían una vida durísima
En tanto que era un posible esclavo, igual lo mataron de un mal golpe y lo dejaron en un margen del camino donde se pudrió como un animal, como pudo ser una muerte natural debido a la mala vida que llevaba y que lo pilló en mal sitio. Sea uno o sea otro, el pobre hombre pasó los siglos siguientes olvidado de todo y de todos, hasta que otros "esclavos" más modernos, 1.800 años después, lo redescubrieron. Un esclavo hospitalense de época romana que ha acabado, ironías de la vida, por convertirse en símbolo de la ciudad trabajadora, pobre, maltratada, vapuleada por ricos y poderosos, pero muy rica en dignidad e historia que ha sido, y es, L'Hospitalet de Llobregat.

Esqueleto en posición anatómica del individuo hallado
Esqueleto en posición anatómica del individuo hallado

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