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lunes, septiembre 20, 2010

Defensores de espectáculos.

A quien gustamos del espectáculo del fútbol, las entradas como las que lesionaron ayer a Messi durante el partido Atlético de Madrid -FC. Barcelona, nos parecen abominables ya que destruyen de raíz la esencia misma del juego. Sin embargo, olvidamos que el fútbol ha dejado de ser un deporte para convertirse en un mero negocio en el cual, lo que menos priva es el espectáculo en favor de los resultados que se obtengan. Las lesiones de jugadores, por tanto, atentan al espectáculo, pero al que más atenta es al negocio que lo envuelve. Solo así se entienden según qué reacciones.

El barcelonismo se ha puesto en pie de guerra contra los "leñeros" que han lesionado a Messi, solicitando una protección para aquellos jugadores que dan espectáculo frente a aquellos que se dedican a destruirlo, y tienen razón, pero esta utilización de la palabra espectáculo, cuando quieren decir negocio, no deja de ser más que una manipulación muy, pero que muy interesada.

Cualquier equipo de futbol, y con ellos sus jugadores, no se dedican al deporte, sino a los negocios, porque lejos de ser deportistas y entidades sin ánimo de lucro, son empresas con todas las de la ley -por mucho que algunas no tengan estatus de sociedad anónima- que trabajan utilizando un deporte que mueve masas.

En realidad, cuando en un lance del juego hay un jugador que lesiona a otro, no está lesionando el espectáculo, sino los beneficios que extraen esas empresas de utilizar ese deporte, de tal forma que lejos de abanderar el tan manido "espectáculo", lo que están defendiendo es su derecho a hacer dinero a espuertas con esos jugadores-empresas; evidentemente, los jugadores-empresa se resienten en sus ingresos durante el tiempo que están inactivos. Resulta, por tanto, que dicen "espectáculo" cuando quieren decir "dinero". Un tanto hipócrita, ¿no les parece?. Pero no acaba aquí.

En el caso del Barcelona, el equipo consta de Messi y unos cuantos más -que se lo digan a los coreanos, que si no jugabaMessi, no pagaban al Barça 2 millones de euros. En esta situación de excepcionalidad, el mero hecho de que a Messi le salga un uñero se convierte en tragedia nacional, ya que los ingresos que genera cuando juega son inconmensurables -espectáculo a parte. El Barça, por tanto, ha de luchar por su principal fuente de ingresos, aún a costa de utilizar el nombre del espectáculo en vano, ya que en realidad este mismo espectáculo no le importa lo más mínimo: goles son títulos, ergo dinero, ergo buenas razones.

O si no... ¿Cómo se entiende que cuando son otros los jugadores valiosos -caso Cristiano Ronaldo, o el Kun Agüero- los que se lesionan, no se oyen más que tibias declaraciones de rechazo por parte del Barça y los clubs no afectados? ¿Porqué se enfadan los clubs porque las selecciones obliguen a los jugadores a acudir a las convocatorias si van en beneficio del espectáculo futbolístico? ¿Porqué se les obliga a jugar en partidos intrascendentes e insulsos, sabiendo el peligro que hay de lesión al ser un deporte de contacto? ¿Porqué los medios califican de quasi-asesinato la lesión cuando el jugador lesionado es de equipo propio y solamente merecen un pie de página cuando es de los demás?. Y para rematar...¿Porqué piden los clubs más protección y sanciones para sus jugadores pero se entestan en mantener un estamento arbitral quasi-amateur y decimonónico?

Nos llenan los oídos y los ojos de que se ha de defender el espectáculo, pero resulta que sólo hay que defender al delantero que genera goles y, por tanto, dinero, para los grandes equipos. El que defiende (que, no olvidemos, forma parte del mismo espectáculo que se dice defender) parece que no tiene ningún derecho ni obligación y que sólo ha de mirar al que mete goles ya que si hace su faena correctamente -léase, evita que metan goles los del equipo contrario- está evitando que ciertos bolsillos se llenen a espuertas.

Jugar con violencia es destruir el deporte, pero posiblemente los clubs poderosos -que son los que más se quejan- tan solo estén recogiendo el fruto de mezclar un sano deporte con la ambición capitalista más salvaje.

¿Donde está ahora el espectáculo?

Sin tanto dinero de por medio, habría menos lesiones.

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