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miércoles, septiembre 21, 2005

El aullido de la amnesia colectiva.

La capacidad de la humanidad para hacer cerrar heridas en falso es tan infinita como la de su propia estupidez. Sólo así se entiende que después del holocausto judío, que se supone marcó un antes y un después en la conciencia colectiva, aún se hayan producido holocaustos tan ignominiosos y gratuitos como los de Ruanda o los de la antigua Yugoslavia. Holocaustos incalificables humanamente y que resultan tanto más vergonzosos cuanto más impunes quedan sus responsables ante la acción de la justicia internacional.

Simon Wiesenthal lo sabía y dedicó todo lo que le quedó de vida, hasta los 96 años, a desenmascarar y dar caza a los genocidas nazis que huyeron “de rositas” tras el final de la Segunda Guerra Mundial, y para los cuales no iba a haber mayor castigo –en el mejor de los casos- que el cambio de residencia y de nombre. El enfermizo y pernicioso olvido colectivo haría el resto, y Wiesenthal se negó en redondo a que eso sucediese. 86 personas de su familia habían sido vilmente exterminados.

Consiguió poner en jaque durante SESENTA AÑOS a los responsables nazis más importantes. El planeta se hizo pequeño para aquella auténtica escoria humana, desechos inmundos de un mundo putrefacto. Su alma, habiendo padecido lo que padeció en aquellos campos de genocidio en que estuvo, no podía estar en paz si no conseguía dar justicia a tantos millones de almas sacrificadas en vano y despertar a la gente de esa consciente amnesia de la que hacemos alarde cuando algo nos molesta en lo más hondo. Y lo hizo, en una mínima parte de lo que hubiese querido, pero lo hizo. Y lo hace.

Aunque haya muerto, su lucha sigue, ya no solo contra los nazis, sino contra todo tipo de genocidas impunes y contra la misma sociedad, egoísta, hedonista y cobarde, que escondiendo la cabeza en la arena permite que las mismas vergonzosas acciones se repitan una y otra vez. La sociedad quiere vivir de espaldas a su propia dura realidad y eso no es ni bueno ni permisible, ya que las heridas mal cerradas no tardan en abrirse.

Todos tenemos algo que decir, pero no decimos nada. Todos podemos hacer algo, pero nos auto-invalidamos. No nos quejemos entonces del mundo en que vivimos. Nos lo merecemos.

4 comentarios:

scape95 dijo...

Un héroe sin duda. De los de verdad.

[¿qué es un 2 de 14?]

laceci dijo...

Sí, chico, debemos alegrarnos de vivir donde vivimos y en principio lejos de esos sitios de riesgos...(aunque nunca se sabe), casi que lo retiro, hay muchos tipos de holocaustos...

OFF TOPIC: el de la foto eres tu? y el de antes también eras tú??

Ireneu dijo...

Si, chica, si, soy yo... ¡aunque no lo parezca! jajajaja!

chin dijo...

El último párrafo es lamentablemente certero. Leer este tipo de cosas no me hace ningún bien pero voy a seguir a ver qué hay.
Saludos