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El Tiempo del Ruido, el fenómeno inexplicado que atemorizó Bogotá

Aunque en los últimos tiempos las ciencias y el saber humano han avanzado enormemente, el conocimiento del mundo que nos rodea no es, ni mucho menos, absoluto. De hecho, si somos honestos con nosotros mismos como especie, hemos de reconocer que es infinitamente más lo que ignoramos que lo que sabemos, por lo que existen fenómenos naturales que no se saben por qué pasan y que son carne de conspiranoicos, supersticiosos y teólogos varios (ver El misterioso caso de las chicas con reglas simultáneas) . Uno de estos fenómenos inexplicados aún a día de hoy ocurrió el año 1687 en Santa Fe de Bogotá (actual capital de Colombia) y se conoce de forma popular como "El Tiempo del Ruido".

Cuentan las crónicas que el domingo día 9 de marzo de 1687, a eso de las 10 de la noche, un estruendo ensordecedor, similar al arrastre de troncos por un pavimento adoquinado, inundó el ambiente de Santa Fe de Bogotá, por aquel entonces villa colonial española perteneciente al Virreinato de Nueva Gran…

Stalin y su objetivo de asesinar a John Wayne

John Wayne
John Wayne
Una de las pocas cosas que los grandes dictadores, tiranos y otros personajes indeseables de la Historia, tienen en común con el resto de congéneres de su misma especie es que son humanos (ver El garbanzo negro del generalísimo). Esto, que puede parecer una perogrullada, implica que, igual que cualquier otra persona, estos especímenes anómalos tienen sus gustos, sus sentimientos -por muy sádicos que sean-, sus sensibilidades e incluso sus aficiones, a cual más mundana. Stalin, el dictador soviético, no era una excepción, y entre todas sus aficiones hubo una que se llevó la palma: era cinéfilo a no poder más. Esta afición la llevó a extremos insospechados y hasta ridículos, con una gran devoción por los actores norteamericanos de la primera mitad del s. XX... hasta que, mezclando el cine con la política, hubo uno que se le puso entre ojo y ojo, hasta el punto de llegar a ordenar su asesinato. ¿El objetivo? John Wayne.

Joseph Stalin
Joseph Stalin
Iósif Stalin, a parte de dedicarse a hacer de déspota del pueblo ruso a jornada completa, era un gran aficionado al Séptimo Arte. Al igual que Lenin, creía que el cine era una de las artes más importantes, sobre todo por su capacidad de generar opinión y propagandísticamente, aunque Stalin, además de esta innegable fuerza como herramienta política, también le gustaba como afición personal. Este hobby llevaba de cabeza a todo el que le rodeaba, ya que el hombre, imbuido en su propia egolatría, se llegaba a creer que sabía más que nadie sobre cinematografía. Ello le hacía creerse que era el mejor productor, director, e incluso guionista de su país, escribiendo guiones, letras de películas, censurando -como no-, sugiriendo títulos, ideas... en fin, haciendo las delicias -por decirlo de alguna forma- de todo aquel que se dedicaba al cine en la Unión Soviética.

Fan de Tarzán y Chita
Fan de Tarzán y Chita
Stalin organizaba sesiones privadas para ver las nuevas producciones de los directores rusos (Eisenstein, por ejemplo), y tenía que dar su aprobación personal antes de que fueran proyectadas en las pantallas soviéticas. No hace falta decir que como tuviera el día cruzado, el director de turno en el mejor de los casos podía ver todo su trabajo enviado al traste, si no enviado él mismo al gulag más alejado de Siberia (ver Oymyakon. Frío, no. Lo siguiente). Con todo, y a pesar de las distancias ideológicas, Stalin era muy aficionado al Hollywood de las grandes estrellas, con cierta cadencia por las cintas de Tarzán y las del Oeste, sobre todo, las protagonizadas por John Wayne. Según se cuenta, se sentía muy identificado con la soledad del cowboy y sus luchas sin piedad, y aunque no dejaba títere con cabeza -por los valores capitalistas que transmitían-, no se perdía ni una. Bueno... ni él ni su gente de confianza.

Serguei Eisenstein
Serguei Eisenstein
En una ocasión, al final de una de las sesiones cinematográficas, Stalin se levantó y espetó que Wayne era un peligro para la causa y que había que acabar con él. Fuera porque estaba como una cuba, sea por convencimiento personal, el tirano ordenó a la KGB eliminarlo.

A finales de los 40 y principios de los 50, Estados Unidos estaba inmersa en la llamada "caza de brujas" del senador McCarthy, que vio en Hollywood un auténtico nido de comunistas y otra gente de mal vivir. John Wayne, por su parte, destacó -a parte de por sus westerns- por ser un acérrimo anticomunista y hacer proselitismo de ello, lo cual le hizo granjearse la enemistad ad aeternum del filmaníaco Stalin. Para suerte del fotogénico cowboy, el FBI se enteró de la amenaza y lo vigilaba constantemente, avisando o deteniendo a las células que pretendían atentar contra él, en un número no inferior a tres veces.

Nikita Kruschev
Nikita Kruschev
Una de ellas, el FBI avisó a Wayne de que había un par de secuaces que iban a ir a por él. El actor, entre cansado y chulo, le pidió a los federales que dejara que se acercaran a él, ya que les iba a tender una trampa. Los secuaces de Stalin, camuflados como supuestos agentes del FBI se fueron a entrevistar con Wayne, pero su equipo cinematográfico montó un auténtico guión de película que acabó con la detención de los dos presuntos asesinos y la recreación de la ejecución de los agentes rusos en la playa. La jugarreta surtió efecto, porque según se cuenta, los agentes del KGB, a partir de entonces pasaron a colaborar con el FBI.

Stalin murió en 1953, pero nunca derogó la orden de asesinar a John Wayne. No fue hasta 1958 que, en un encuentro privado entre el actor y el nuevo presidente de la Unión Soviética, Nikita Kruschev (ver Belka y Strelka, unas perras de ida y vuelta),  que Kruschev le confesó a Wayne que la idea de asesinarlo había sido fruto de los últimos años de locura senil de Stalin. Sea como sea, le quiso tranquilizar diciendo que tan pronto como él entro en el cargo, la revocó definitivamente. Todo un descanso.

John Wayne lo tuvo en silencio
John Wayne lo tuvo en silencio
John Wayne murió de cáncer en 1979, pero nada de esto trascendió más allá de su círculo de allegados estando él en vida, justamente para evitar el marasmo mediático que podía conllevar. Rechazó toda protección policial y simplemente vivió en una casa con un muro alto. Aún, a pesar de ello, en 1966, en una visita a Vietnam, un radical del Vietcong intentó atentar contra el actor. Esta vez, según parece la orden partió del líder chino Mao Tse-Tung.

Se conoce que también era cinéfilo.


A Stalin le gustaba Wayne, pero no su ideología
A Stalin le gustaba Wayne, pero no su ideología

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Comentarios

vicenta acuñas guerrero ha dicho que…
tu siempre dandonos buena información hacerca cosas que ni en sueños lo supondríamos , todo un placer leerte .
Unknown ha dicho que…
Evitando el deseo de matar, me ocurre lo mismo con cantantes del " pueblo " me gustan, pero no comparto sus ideologías, viven como Reyes
xatevexo ha dicho que…
Menos mal que el loco no lo consiguió, privarnos de las peliculas de Juan Vainas como decía mi amigo Manolo, sería un crimen de lesa humanidad,(por cierto que a Stalin le supondría una medalla mas en la pechera, en la modalidad "Especialidad de la Casa", de la que era campeón mundial).
Gracias por el post, el autor siempre poniendo el foco en los mas ocultos rincones de la Historia, para que los veamos con nitidez.
Ireneu Castillo ha dicho que…
Xatevexo: Pues por lo visto tampoco se lo tomó demasiado en serio, porque mira que tenía el culo pelado de "pelar" a gente.

Por otro lado, al final conseguiréis sacarme los colores... ;-)

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