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miércoles, diciembre 10, 2014

Miguel Servet, la ardiente sangre de un rebelde incomprendido

Miguel Servet
Saber que la sangre circula por las venas es, en la actualidad, algo que resulta evidente para todo el mundo... a excepción de algún "tronista" televisivo, cuyo cerebro no es que no tenga luces, sino que es un auténtico agujero negro. Sin embargo, durante muchos siglos la circulación de la sangre era un auténtico misterio y se creía que el corazón bombeaba el aire de los pulmones y la sangre simplemente rellenaba las cavidades. Este (des)conocimiento sobre el cual pesaba la pesada losa del fanatismo religioso medieval y del estancamiento del saber en los eruditos clásicos, no era contestado por nadie so pena de ser calificado de mil maneras y ninguna de ellas buena.... hasta que Miguel Servet documentó, por primera vez en Europa, el circuito que hacía la sangre desde el corazón a los pulmones y viceversa. El único inconveniente es que acabó a l'ast por sus ideas.

Casa natal de Servet
Miguel Servet, nacido en Villanueva de Sijena, Huesca, en 1511 -si bien hay investigadores que creen que se llamaba Miguel de Villanueva y nació en Tudela, Navarra- fue un erudito de su época que dominaba la teología y las ciencias desde tierna edad. Sus intereses pasaban por la astronomía, matemáticas, medicina, física... y era capaz de hablar latín, griego y hebreo con fluidez. Ante tal portento de sabiduría era normal que Servet tuviera sus propias ideas sobre el mundo que lo rodeaba, si no fuera porque ese mismo mundo, no estaba demasiado interesado en que la gente tuviera sus propias opiniones. Opiniones controvertidas que le llevaron a pelearse con todo el mundo por poner en duda todo lo dudable. ¿Lo primero? La religión.

Christianismi Restitutio (1551)
Servet puso en duda todos los dogmas del cristianismo, desde la Santísima Trinidad, pasando por la edad en que se tenía que bautizar a alguien, o incluso llegando a dudar de la divinidad de Jesucristo en tanto que hijo de una mortal, a pesar de que fuera una mortalidad un tanto rara (ver El ancestral culto a la naturaleza del día de la Virgen de Agosto). Aunque lo peor no era que lo pensase, sino que, encima, lo escribía y lo publicaba. Lo dicho, un auténtico hereje.

De esta forma, en uno de los tratados que más "amigos" le hizo, Christianismi Restitutio (Restitución del Cristianismo, 1551), Servet explica que la sangre fluye desde el corazón hacia los pulmones, donde tras pasar un rato dejaba lo que él llamaba "vapores fuliginosos" -vapores sucios- y se purificaba. No obstante, esta es una anotación dentro de un libro de teología  ¿porqué la incluyó en un libro religioso y no de fisiología?

Circulación pulmonar
Miguel Servet era profundamente religioso, aunque de hecho lo era a su manera. Para él, Jesucristo estaba en todo lo que le rodeaba, por lo que tenía una visión panteísta del Cristianismo que chocaba de frente con la ortodoxia católica imperante en la España de aquel entonces. Ello implicaba que, siguiendo con su peculiar concepción del mundo, Servet considerara que la sangre era el lugar donde se ubicaba el alma y que, por tanto, circulaba por el interior del cuerpo con el fin de repartir equitativamente el alma por todos los rincones del cuerpo. 

Al llegar al corazón cargada con las malas influencias (veía que la sangre que entraba era azul), procedía a pasar por los pulmones, donde descargaba estos malos vapores, y volvía a circular, pero esta vez de color rojo. En el fondo, para Servet, el funcionamiento del cuerpo era algo más bien místico que fisiológico y su conocimiento -fruto de su intenso estudio del cuerpo- quedó, de esta forma, como la primera vez que la circulación pulmonar fue documentada en Europa.

Calvino, un "amigo"
Servet se enfadó con Dios y su padre: la Inquisición española lo declaró hereje y lo quemó en efigie debido a que huyó a tiempo a Francia, donde se nacionalizó francés; se peleó con los responsables de la Universidad de París por haber enseñado astrología y con la Iglesia Católica francesa; se peleó con los reformistas de Juan Calvino y con el propio Calvino -al cual solo le faltó ponerle a Servet dos velas negras como la bruja Lola- y hasta con un físico francés con el cual tuvo una reyerta a golpe de espada. De todas formas, a parte de sus ideas incendiarias, por lo visto, era más bruto que un arado cuando defendía sus argumentos, "finura" que no le ayudaba en absoluto a hacer demasiadas amistades.

Estela conmemorativa en Ginebra
Al final, tanto fue el cántaro a la fuente que acabó rompiéndose, y estando en Ginebra (Suiza), fue denunciado por hereje -se dice que por el mismo Calvino- siendo detenido en una iglesia mientras oía misa. Las autoridades, aunque no tenían potestad, dado que Servet no era suizo, lo condenaron a la hoguera pese a sus súplicas de clemencia. Pero es que hasta tal punto había animadversión hacia su persona que incluso los opositores a Calvino vieron con buenos ojos el hacer de él una brocheta a la barbacoa.

Ibn al-Nafis
Miguel Servet murió en la hoguera el 27 de octubre de 1553, y con él se quemaron buena parte de sus libros, por lo que sus descubrimientos en relación a la circulación de la sangre quedaron ocultos hasta 1616, cuando el médico inglés William Harvey describió -ya definitivamente- el funcionamiento de la circulación sanguínea.

Sea como sea, Servet quedó como el descubridor de la circulación pulmonar y como mártir del movimiento librepensador, aunque -todo sea el decirlo- en 1924 se descubrió que el médico sirio Ibn al-Nafis había hecho una descripción de esta circulación casi 300 años antes. Con todo, Servet no ha perdido un ápice de su aura de sabio científico y pionero de las libertades de pensamiento, que le sirvió, tiempo a venir, el reconocimiento incluso de Voltaire.

Y es que, nadie dijo que tener criterio propio y defenderlo a capa y espada fuera una forma fácil de hacer amigos.


La ardiente sangre de un rebelde incomprendido

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