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miércoles, mayo 30, 2018

1001 Curiositats del Baix Llobregat i l'Hospitalet, un libro que se lee como quien come pipas

Ireneu y 1001 Curiositats del Baix i LH
1001 Curiosidades del Baix
Cuando en verano de 2017 recibí el encargo de RedBook Ediciones de escribir un libro dedicado a explicar de forma breve y sintética lo más remarcable del Baix Llobregat y L'Hospitalet, la verdad que no lo dudé dos veces. El hecho de poder reunir en un mismo libro mi pasión sobre la historia, las curiosidades y la geografía de una comarca a la que me siento especialmente unido, junto con mi gusto por los relatos breves y mi capacidad de síntesis, me hacía el hecho de escribir este libro un reto especialmente atractivo. Y me puse manos a la obra.

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Redbook Ediciones -L'Arca
Así las cosas empecé a recopilar rasgos y curiosidades características de cada uno de los pueblos que forman el Baix Llobregat, hasta el punto que, desde la editorial, me tuvieron que poner freno, porque habían tantos temas que en vez de un libro habría parecido un tomo de la Espasa-Calpe si hubiera desarrollado todos los temas propuestos. Y es que, allí donde parece que no hay nada, donde parece que Barcelona lo acapara todo, en cuanto rascas un poco sale una impresionante cantidad de historias y temas de interés que no solo dan para un libro, sino para varios. Una riqueza cultural, natural, social, histórica, artística, arquitectónica... muchas de las veces desconocida para los mismos habitantes de la comarca y que merecía la pena darles luz para público conocimiento.

Firmando en St. Jordi
En este libro de 231 páginas, dividido en tres grandes temáticas como son, el entorno geográfico (dominado por el omnipresente río Llobregat), la historia y el entorno humano, se recopilan 368 temas que, ocupando todos y cada uno de los pueblos de la comarca, tratan aspectos característicos, relevantes o curiosos de estos municipios. Se ha de remarcar que la presencia de L'Hospitalet en el libro no es casual ya que, aunque en la actualidad no pertenezca a la comarca del Baix Llobregat por intereses políticos, su ubicación, su historia y sus gentes han tenido desde siempre unos lazos extraordinariamente íntimos con sus vecinos del Llobregat. Por alguna cosa se apellida "de Llobregat", claro (ver El Canal de la Infanta o la trascendencia histórica de un patrimonio olvidado).

De este modo, en 1001 Curiositats del Baix Llobregat i l'Hospitalet, escrito de una forma sintética y entretenida a modo de pequeñas pastillas temáticas que se leen como quien come pipas, descubriréis la gran cantidad de ermitas e iglesias románicas que hay en la comarca, los castillos que derruyó Felipe V en 1714, las tradiciones -algunas de ellas locuelas- de los pueblos del Baix, leyendas, personajes famosos, gastronomía y centenares de curiosidades más que tenemos a nuestro alrededor y que la mayoría de las veces nos pasan totalmente desapercibidas.

Espero que este libro, prologado por uno de los mejores conocedores del río Llobregat, el químico Roger Lloret, y que podéis adquirir en las mejores librerías (El Corte Inglés, FNAC, Casa del Libro, Abacus...), os ayude a descubrir una comarca tan particular como el Baix Llobregat, escondida por la sombra de la gran Barcelona, pero que, con una gran personalidad cultural y social, vale muchísimo la pena de conocer con más detenimiento de lo que acostumbramos a hacerlo.

¡Que lo disfrutéis!

Un libro que se lee como si fueran pipas
Un libro que se lee como si fueran pipas

domingo, mayo 27, 2018

3 millones de visitas. 3 millones de gracias

Que en estos tiempos, donde parece que la cordura y el sentido común se hayan disuelto como un azucarillo arrastradas por la inconmensurable avenida de mediocridad y manipulación mediática (ver Theolongo Bacchio, cuando la posverdad recibe una plaza en Barcelona), un blog dedicado a explicar la historia y el mundo que nos rodea haya llegado a los tres millones de visionados, es poco menos que un milagro. Sin embargo, así ha sido.

Soy consciente de que, en un mundo dominado por la información -o mal llamada información- breve, telegráfica y más cercana a las noticias del Gran Hermano de 1984 (la novela de George Orwell, no me sea zote) que cualquier otra, escribir con párrafos largos, con oraciones subordinadas y adverbios, no me va a hacer ganador de ningún concurso de blogs de aquellos en que lo que menos se premia es la calidad y el esfuerzo. Lo se, y no me importa. No escribo para ellos.

Memento Mori! es un blog para un tipo de persona curiosa (ver La aventura radiofónica de un hombre curioso), ávida por conocer la realidad que nos envuelve en el día a día, y que tiene interés en ver cómo todo -y cuando digo todo, es todo- está interrelacionado. La geología, la historia, la biología, la tecnología, la sociología, la literatura, la arquitectura... campos de saber que puede parecer que no tienen nada que ver entre ellos, en realidad forman parte de un intrincado puzzle que tan solo las mentes más inquietas pueden llegar a entender. Mentes para las que las anécdotas, más que una anécdota, son la punta del iceberg de un mundo desconocido y sorprendente. Un mundo que, a mi estilo, intento mostrar en este humilde blog. Y parece que gusta.

Tres millones de visitas han recibido los 1.225 artículos publicados hasta el día de hoy en Memento Mori! (1.226 con este). Tres millones de veces este blog ha merecido la confianza de sus visitantes. Tres millones de gracias a todos y a todas por haberlo hecho posible.

Seguimos adelante.

¡Tres millones de gracias!
¡Tres millones de gracias!

miércoles, mayo 16, 2018

San Jacinto 1836, la siesta más cara de la Historia

Siesta mexicana
Siesta mexicana
Uno de los estereotipos más hirientes sobre los mexicanos es que son gente indolente, vaga y que se pasan todo el día durmiendo la siesta bajo su típico sombrero de ala ancha. Esta visión, que ha dado la vuelta al mundo, es tanto más falsa en cuanto que es una injusta generalización y que procede de un prejuicio racista sobre las gentes de México... ¿o tal vez no tanto? Hubo en 1836 una crucial batalla que acabó en derrota para el Ejército Mexicano y que determinó, a la larga, la pérdida de más de la mitad del país en beneficio de los Estados Unidos. ¿La particularidad? Que perdieron la batalla porque estaban echando la siesta. ¡Ole tú! 

Antonio López de Santa Anna
Antonio López de Santa Anna
Que la historia militar de todos los países está llena de episodios en los que la vergüenza ajena hace ruborizar -o troncharse de la risa- al más pintado, simplemente tiene que darse una vuelta por este blog para cerciorarse (ver Caransebes, la batalla más idiota de la historia). No obstante, que un ejército pierda una batalla porque estaba durmiendo una siesta, no es que hable muy bien, no tanto de los soldados (al fin y al cabo, no dejan de ser unos "mandaos"), sino de los mandos que tienen a este ejército bajo su responsabilidad. Y exactamente eso fue lo que pasó al General Antonio López de Santa Anna, que fruto de su prepotencia y mala estrategia, metió la pata hasta el corvejón en la conocida como Batalla o Siesta de San Jacinto.

Conflicto con Texas (1836)
Conflicto con Texas (1836)
La historia arranca de los follones que hay en el seno del gobierno mexicano una vez proclamada la independencia de España (ver Olañeta, el fanatismo que ayudó a perder la última colonia española en Sudamérica). El caos, los intereses y los personalismos de los dirigentes del momento hacen que el gobierno sea la casa de tócame roque, de tal forma que a principios de los años 30 la política mejicana está dividida entre los conservadores (que querían un estado centralista al estilo francés en vez de una república federal) y los liberales, que abogaban por un estado federal. En esta situación, en 1833, fue elegido presidente Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón (Santa Anna, para los amigos) que en principio era liberal, pero que cuando accedió al cargo dio un giro copernicano y pasó a aliarse con los conservadores deshaciendo prácticamente todo lo hecho por su predecesor Valentín Gómez Farías, también liberal. Diferentes estados, al ver peligrar su statu quo autónomo, se amotinaron, entre ellos el de Texas, formado básicamente por estadounidenses emigrados que habían encontrado en el territorio tejano facilidades del gobierno mejicano para instalarse. La derogación de la Constitución de 1824 en 1834, la abolición de la esclavitud (que suponía un duro golpe a su economía productiva) y la entrada en vigor en 1835 de las llamadas Siete Leyes (que centralizaban todo el poder y convertían los estados en meras provincias) hicieron colmar el vaso de los tejanos, los cuales se rebelaron en armas contra el gobierno. 

Ante el desafío armado, Santa Anna, obsesionado con hacer doblegar a los rebeldes envió el ejército mexicano a Texas. Ejército que, debido a su superioridad numérica y experiencia, veía en las irregulares, débiles, pero voluntariosas tropas tejanas un rival fácil.

Samuel Houston
Samuel Houston
Así las cosas, atravesando el Río Bravo (ver Los quebraderos de cabeza de EE.UU. y México por un caprichoso Río Bravo) los mejicanos al mando de Santa Anna encararon hacia San Antonio, donde se encontraron con una resistencia más fiera de lo esperado. En aquel punto la tropas tejanas se hicieron fuerte en la antigua misión de El Álamo, manteniendo la posición desde el día 23 de febrero al 6 de marzo, cuando en una duro asalto, el Ejército Mexicano consiguió tomar por fin la misión. La guarnición tejana fue aniquilada (unos 200 hombres, Davy Crockett entre ellos) al precio de haber perdido unos 600 soldados, de los 1.800 involucrados en la ofensiva. Por su parte, el general José Urrea, partió de Matamoros hacia Goliad, donde se produjo la Masacre de Goliad el día 2 de marzo, cuando el coronel James Fannin fue capturado junto a 400 de sus hombres y Santa Anna ordenó ejecutarlos a todos. Las diezmadas tropas tejanas al mando de Sam Houston, rabiosas por la matanza, pero impotentes, decidieron retirarse hacia el este esperando recomponerse y añadir gente a su ejército. 

Una pesadilla de batalla de San Jacinto
Una pesadilla de batalla
Obsesionado con darles alcance, Santa Anna salió en busca de los hombres de Houston, el cual jugaba al ratón y al gato con los mexicanos, dándole esquinazo constantemente, mientras que entrenaba a los inexpertos reclutas tejanos. Finalmente, el 20 de abril, Santa Anna toma contacto con las tropas de Sam Houston en una amplia península fluvial en la confluencia de los ríos San Jacinto y Buffalo Bayou, en lo que hoy sería el área metropolitana de la ciudad de Houston. Los tejanos (unos 900), que en todo momento se esconden de los mexicanos en medio del bosque de ribera del Buffalo Bayou que tienen a su espalda para que no sepan cuantos son, están separados por una pradera de unos 400 metros de longitud de las tropas de Santa Anna (unos 1.200). Tras unas escaramuzas, el presidente mexicano decide acampar en el "sitio más favorable para sus intereses", es decir con una zona pantanosa del río San Jacinto a sus espaldas. Pasándose por el arco del triunfo la oposición de todos sus mandos, que ven que es una temeridad, Santa Anna manda acampar en aquel sitio. Donde manda patrón, no manda marinero, definitivamente.

Martín Perfecto de Cos
Martín Perfecto de Cos
A la mañana siguiente, el destacamento de Santa Anna recibe el refuerzo de 540 hombres más por parte del general Martín Perfecto de Cos, cuñado suyo. El cansancio de la marcha a pie de los soldados, la mañana tranquila y el convencimiento de ser muy superiores en número y potencia militar dio la confianza a Santa Anna para ordenar que sus hombres durmieran la siesta un rato después de comer. No obstante, tan confiado estaba que ni tan siquiera ordenó tandas de guardia, así que allí se durmió hasta la trompeta. Normal. 

Siesta de San Jacinto
Una pesadilla de siesta
A eso de las 15.30 h los tejanos se lanzaron con todas sus fuerzas contra los mexicanos, pero se quedaron de pasta de boniato al ver la nula oposición al avance por parte de los atacados...¡estaban durmiendo!. La "batalla" (si se puede llamar así una confrontación en que solo atizaba uno) se convirtió en una merienda de negros que duró tan solo 18 minutos.  Una zarabanda de palos de 18 minutos que acabaron con 630 mexicanos muertos, 208 heridos y 730 prisioneros, y la captura de Santa Anna (que se había vestido de soldado raso y escondido entre la hierba) y Cos. Un éxito total e inesperado de los tejanos que tan solo sufrieron 9 muertes y la fractura del tobillo de Houston. 

Monumento a la Batalla de San Jacinto
Monumento en el sitio de la batalla
Santa Anna no pudo haberlo hecho peor en toda la campaña. A parte de llevar las tropas caminando desde el centro de México, lo cual significaba llevar a todo un ejército andando más de 1.000 km, en vez de llevarlos frescos y por mar, el ansia viva por pillar a Sam Houston hizo que las tropas mexicanas se estiraran más que una goma y no fueran unas fuerzas compactas en un territorio hostil, desconocido y con poca capacidad de obtener refuerzos. Para rematar la "cagada", en la batalla de San Jacinto no se le ocurrió una mejor idea que acampar teniendo una zona pantanosa a las espaldas, de tal forma que en el momento de la ofensiva, aparte de pillarlos en bragas, cuando intentaron escapar se encontraron con una trampa mortal por donde era imposible escaparse, produciéndose la consiguiente catástrofe.

Santa Anna ante Sam Houston
Santa Anna ante Sam Houston
¿Y como acaba la cosa? Pues mal. Santa Anna será utilizado como rehén de los tejanos que, porfiando con la liberación del presidente mexicano, aprovecharán para forzarle a firmar la independencia de Texas mediante el Tratado de Velasco. Destitución de Santa Anna, no reconocimiento de lo firmado, escaramuzas con los tejanos, miedo a que otros estados mexicanos se levantaran por imitación e intervención de los Estados Unidos acabaron en 1848 con la firma del Tratado de Guadalupe-Hidalgo y fijando los límites actuales entre los dos países. México acabó perdiendo 1.360.000 km2 de superficie (un 55% del territorio mejicano) cediendo a los yanquis por 15 millones de dólares los actuales estados de California (la Alta California), Nuevo México, Arizona, Nevada y partes de Wyoming, Utah y Colorado, además de dar pie al prejuicio de que los mexicanos no hacen más que dormir

Una auténtica pesadilla de siesta, vamos. 

Una siesta que acabó saliendo demasiado cara
Una siesta que acabó saliendo demasiado cara

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lunes, mayo 14, 2018

Parisener Kanone, el cañón más grande de la Primera Guerra Mundial

El Parisener Kanone
El Parisener Kanone
Frecuentemente se considera la Segunda Guerra Mundial como una secuela de la Primera Guerra Mundial porque las causas que provocaron la Primera, lejos de desaparecer cuando acabó, lo único que hicieron fue hacer de caldo de cultivo para que la Segunda viniera con más fuerza. Sin embargo, no solo pasó esto en el plano político, sino que en el aspecto técnico, el avance del armamento de la Segunda no pudo haberse producido sin el desarrollo armamentístico de la Primera. En estas misma líneas ya hablé en su momento de los cañones más bestias jamás construidos y que fueron utilizados por los nazis en el frente ruso (ver El Pesado Gustavo y el Dora, los cañones más monstruosos de la Tierra), pero estos auténticos "cañones del Juicio Final" no podrían haber sido desarrollados sin los conocimientos técnicos adquiridos con unas moles infernales que llevaron el frente de guerra a la misma ciudad de París durante la Gran Guerra. Me refiero a los Parisener Kanonen, los cañones más grandes de la Primera Guerra Mundial.

Uno de los cañones de París, disparando.
Un cañón de París, disparando
Los 4 años que duraron la terrible Primera Guerra Mundial significaron la transición a machamartillo entre las coloridas y casi románticas guerras napoleónicas y la apocalíptica guerra moderna. En esos pocos años se pasaron, sin solución de continuidad, de las cargas de caballería sable en mano a la repugnante guerra química a base de llevar al matadero a millones de seres humanos en una orgía de sangre y tripas que haría escandalizar a los propios Jinetes del Apocalipsis (ver Passchendaele, la pírrica batalla donde el barro se tragó 40.000 soldados). Con todo, y a pesar de que la guerra se había estancado en las trincheras, los ingenieros tanto de uno como de otro bando pisaron el acelerador a fondo a fin de superar este límite prácticamente inamovible. Los aviones estaban todavía en pañales, pero la artillería no, por lo que desarrollar cañones que llegasen cada vez más lejos se convirtió en vital. En este caso, como el frente se había estancado a unos 100 km al norte de París, los desesperados ingenieros alemanes vieron en el bombardeo de la capital francesa una forma de romper el frente de trincheras, a la vez que de forzar una guerra psicológica que hiciera rendir a las desgastadas fuerzas galas... y para ello necesitaban un cañón muy grande. Mucho. Y lo hicieron.

Placa recordatoria del primer impacto
Placa recordatoria del primer impacto
Así las cosas, el 23 de marzo de 1918, a eso de las 7.20 h de la mañana un obús impactó de forma imprevista delante del nº 6 de la calle Quai de la Seine, en el distrito 19 de París, produciendo 10 muertos y 15 heridos. ¿Qué había pasado? ¿Cómo había podido llegar un bomba a semejante distancia del frente? ¿Un avión? ¿Un dirigible? Pronto lo servicios de inteligencia supieron que se equivocaban. Había sido el cañón con mayor alcance que había sido construido jamás. Los franceses lo llamaron la Grosse Bertha y los alemanes Dicke Bertha o Kaiser Wilhelm Geschütz (Cañón del Kaiser Guillermo), si bien se hizo famoso simplemente por ser "El Cañón de París" (Parisener Kanone), ya que ese fue su único y obsesivo objetivo.

Corte de un proyectil
Corte de un proyectil
El cañón, ubicado a unos 120 km al noreste de la Ciudad de la Luz, en el pueblo de Crépy, en el departamento del Aisne (ver Fismes 1918, cuando el champán decantó una guerra mundial), era simplemente monstruoso para la época. Transportado por vía férrea hasta su ubicación, el cañón pesaba 750 toneladas y "calzaba" un cañón de 34 metros capaz de llegar a objetivos situados a 130 km de distancia. Curiosamente no disparaba obuses "excesivamente" grandes, siempre y cuando que por "moderados" podamos definir a proyectiles de 1 metro de altura, 21 cm de diámetro, con una cabeza de 120 kilos cargado con 8 kg de TNT e impulsada por entre 150 y 200 kg de pólvora. Lo que viene a ser un "petardo" de verbena, vamos.

Maqueta de un Parisener Kanone
Maqueta de un Parisener Kanone
La máquina fue diseñada y construida por la empresa siderúrgica Krupp (la misma que construyó durante la Segunda Guerra Mundial el Pesado Gustavo y el Dora, y que hoy en día se dedica a construir ascensores en España), y necesitaba unos 15 días para ser instalado en su puesto de acción, ya que no permitía su disparo desde una plataforma ferroviaria y se tenía que construir una base de cemento de 12 m2 y 4 metros de espesor. Al ser una derivación técnica de la artillería naval el Pariser Kanone quedó bajo la gestión de la Armada alemana que era la que se encargaba de dispararlo. A pesar de toda su potencia, el cañón o mejor dicho, cañones (porque se hicieron 3) tenía sus limitaciones.

Montaje de uno de los cañones
Montaje de uno de los cañones
Para alcanzar la distancia máxima, los Parisener Kanonen tenían que estar en un ángulo muy elevado, por lo que su ángulo de tiro oscilaba tan solo entre 50º y 52º. Ello le permitía, tras un vuelo de unos 170 segundos a una velocidad de 1.500 m/seg y alcanzar los 40 km de altitud, llegar a París, aunque con una precisión muy baja. Asimismo, era tal la deflagración para enviar el obús a semejante distancia que los tubos del cañón sufrían una erosión del acero que obligaba a cambiarlos cada 65 disparos. Justo por ello, se veían forzados a utilizar proyectiles progresivamente más anchos, comenzando por los de 210 mm y acabando por los de 240 mm con una cadencia máxima de un tiro cada 15 minutos. No en vano, uno de los 3 construidos y que de marzo a agosto dispararon contra la capital francesa reventó al explotar uno de los obuses dentro del ánima del cañón.

Llegaba hasta los 130 km
Llegaba hasta los 130 km
Pese a los ataques del ejército francés en el intento de neutralizar semejante engendro balístico, los Parisener Kanonen no se vieron afectados por su artillería, teniéndose documentado el último disparo de este tipo de arma el 9 de agosto de 1918 a las 14 h. A partir de entonces, en viendo como inminente la derrota alemana, los mandos militares teutones deciden repatriarlos, desmontarlos y hacer desaparecer todo rastro tanto documental como físico de la existencia de dichos cañones. De hecho, todo lo que se conoce sobre estas armas se conoce por el trabajo de la Inteligencia francesa (necesario para poder destruirlos), los testimonios de presos alemanes y los pocos documentos gráficos de su existencia, lo cual deja a los Parisener Kanonen con un halo de leyenda, pero demasiado real.

Soldados al cargo del cañón de París
Soldados al cargo del cañón
La participación en la guerra de los Cañones de París fue poco menos que testimonial. Tras 5 meses de disparos, se hicieron 367 tiros que produjeron 256 muertos y 620 heridos, una muy baja tasa de afectación (el máximo daño lo originó en la iglesia de Saint-Gervais, con 91 muertos al hundir la techumbre durante la misa de Viernes Santo el 29 de marzo de 1918) para el dispendio de recursos que, para una Alemania bloqueada significó su construcción y despliegue. ¿Y en el plano psicológico? Igual, o menos, incluso. Al tener una cadencia de tiro tan espaciada a la que se tenía que sumar el tiempo que no disparaban por mantenimiento y la poca puntería, la gente no se sintió atemorizada y, en contrapartida, despertó la rabia y las ganas de los franceses por seguir la batalla y de darlo todo contra el enemigo alemán. Un éxito absoluto, sin duda.

En definitiva, que los Parisener Kanonen, pese a su monstruosidad y avance técnico sin parangón (los franceses no pudieron igualar sus características hasta el año 1929), para lo único útil que sirvieron fue para desarrollar la técnica artillera que sería la base para que la enloquecida Alemania Nazi -y con ellos las fuerzas Aliadas (ver Von Braun, los oscuros teje-manejes de un Estado)-, años a venir, hiciera armas aún más destructivas y mortíferas. Un monumental esfuerzo intelectual y tecnológico que la Humanidad, francamente, se podía haber ahorrado.

Muchos millones de muertos se lo hubieran agradecido.

Representación artística de un Parisener Kanone
Representación artística de un Parisener Kanone

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domingo, mayo 13, 2018

Eurovisión 2018: ñoños, ñoños, ñoños... y los cuartos por la cola

Amaia y Alfred
El número 23. España se ha clasificado el vigésimo tercero de 26 participantes en el festival de Eurovisión y aún gracias, porque hasta el voto de Dinamarca, estábamos últimos empatados a cero puntos con la representante británica. Una cantante, la inglesa que, todo sea el decirlo, a pesar de que el "Jimmy Jump" de turno le ha robado el micrófono y gritado algo ininteligible -la cual cosa le habría permitido repetir la actuación- ha decidido no hacerlo... convencidos de la calidad de la canción, seguro. Por alguna cosa ha quedado el número 24. 

SuRie carries on after stage invasion - "Storm" Live | United Kingdom - Eurovision Song Contest 2018
"Invasión" de la inglesa
La representación española, formada por la pareja "triunfita" -y con derecho a roce- Amaia y Alfred (con acento en la é, que no es Hitchcock, no me sean zotes) ha sido la segunda en aparecer en el escenario lisboeta que hospedaba el concurso este año con la canción "Tu canción". Una canción anodina, ñoña como ella sola, con una puesta en escena pobre y en la que destacaba la voz potente de Amaia en contraposición de la voz de pitufo gangoso de Alfred que no se encontraba por ningún lado. Al menos no han pegado un gallo como Manel Navarro el año pasado (ver  Eurovision 2017: Un gallo, 5 puntos y últimos), pero es que entre pasar sin pena ni gloria y ser el centro de atención, aunque sea por lo malo, la verdad que no tengo muy claro que lo de este año sea mejor.

Cesár Sampson - Nobody But You - Austria - LIVE - Grand Final - Eurovision 2018
Austria, inesperado tercer clasificado
Este año viendo la castaña que se presentaba ya hice mis cábalas de que quedaría entre el 18 y el 24, y poco me he equivocado en tanto que han quedado el 23. Tan solo he visto peligrar mi pronóstico cuando los jurados han empezado a votarnos de forma inaudita, recibiendo incluso 10 puntos de Rumanía, llegándose a poner en el puesto 18. Por suerte, el televoto ha puesto las cosas en su sitio haciendo de España el tercer país menos votado, dejando la votación al final con 61 puntos y dejando bien patente que la gente tiene más criterio que los subjetivos e interesados jurados supuestamente "profesionales" (ver Vivaldi, Chikilicuatre y los necios contertulios). Y es que, el voto del público ha dado la vuelta al resultado como un calcetín, enmendando la plana al criterio de los "expertos". 

Michael Schulte - You Let Me Walk Alone - Germany - LIVE - Grand Final - Eurovision 2018
El alemán, una "copia de"
En general, la edición de este año 2018, ha sido una edición de baja calidad, en que ha habido mucha medianía y mucha "copia de". De la debacle habitual del Big Five tan solo se han escapado Alemania e Italia (4º y 5º respectivamente), la primera con una canción sensiblona mezcla de Ed Sheeran y James Blunt y la segunda con otra sentimental con bastante ritmillo, con un mensaje antiterrorista que ha gustado. Francia, por su parte, con otra canción buscando la lagrimilla fácil (la pena, ese gran recurso eurovisivo, que se lo digan a Sobral) con un mensaje contra el drama de los refugiados, ha quedado el 13. España y Gran Bretaña, en sus 23 y 24, en su tónica general. No aprenden, o no quieren aprender, que no es lo mismo. 

Elina Nechayeva - La Forza - Estonia - Eurovision 2018
8 kg de vestido lírico de la estonia
Por el resto, destacaba la República Checa (6º) con Mikolas Josef y su canción Lie To Me, con un remake de la sintonía del Príncipe de Belair muy gay, así como los locuelos representantes moldavos  (10º) que, con su canción My Lucky Day, ha entretenido el personal con una especie de vodevil musical con tintes de música de película de Emir Kusturica. La cantante estonia (8ª), con su espectacular vestido de 8 kilos y su estilo lírico, y los húngaros (21º) con un heavy metal que ha dado la nota con sus gritos, junto a los anteriores era de lo poco que se escapaba del "centro del campo". 

Netta- Toy- Israel
Netta, la justa ganadora
El concurso lo ha ganado la representante israelí, Netta, con su canción Toy, un alegato contra el machismo y el sexismo, que con un estribillo muy pegajoso y haciendo la gallina (referencia a todos aquellos "valientes" que se creen alguien por despreciar a una mujer, pero que se cagan las patas abajo cuando les hacen frente), se ha llevado el gato al agua. He de reconocer que no era santo de mi devoción, pero en viendo lo presentado por los demás, no he dudado de que seria una de las favoritas. Chipre, otra de las favoritas para los eurofans, ha quedado segunda con Eleni Foureira, una Beyoncé con menos curvas que un palo de escoba, pero que -por lo visto- había embelesado a muchos. Austria, la gran sorpresa, ha quedado 3ª con un soul interpretado por el cantante negro Cesár Sampson, que a mi me ha dejado frío y que al voto de los jurados ha encandilado, llegando en más de un momento a ser ganador. El televoto ha hecho justicia y lo ha frenado, ya que si hubiese sido por él no hubiera pasado del puesto 13. Suecia, por su parte, con un funky mezcla de Justin Timberlake y Justin Bieber no muy eurovisivo, ha quedado finalmente 7º pese al criterio de los jurados, que lo daban ganador. 

Eleni Foureira - Fuego - Cyprus - LIVE - Grand Final - Eurovision 2018
Chipre, una Beyoncé sin curvas
En definitiva, una edición muy reñida por la ausencia de grandes canciones, que los ha puesto a todos en la mitad de la tabla -posiblemente por contagio de la tradicional melancolía portuguesa (por algo los anfitriones han quedado los últimos)-  pero muy interesante por el vuelco final de la clasificación. Por su parte, España, sigue en sus trece de llevar temas insulsos (ver Eurovision 2015, no aprendemos ni a hostias) por lo que, de seguir así, se continuará llevando los pescozones eurovisivos a capazos mal que les duela hasta el punto de haber eliminado sine die los comentarios postconcurso que se hacían tradicionalmente. 

Allá ellos. 

Amaia y Alfred: Ñoño, ñoño, ñoño... y los 23º
Ñoños, ñoños, ñoños... y los 23º

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martes, mayo 08, 2018

Alicante, el Punto Cero y el menguante nivel del mar en la costa del Maresme

Estación de Premià de Mar
Estación de Premià de Mar
Cuando viajamos en tren por la costa del Maresme, a parte de poder disfrutar del magnífico (ejem) servicio de Cercanías de Renfe, podremos ver cómo el mar, por obra y gracia de los puertos deportivos construidos a cascoporro durante los 90, se ha comido buena parte de la costa (ver Temporales de impaciencia). Es justamente en la estación de Premià de Mar que el agua ha llegado prácticamente al pie del andén,  hasta el punto que ha tenido que ser protegido con un malecón. Sin embargo, a pesar de esta situación tan “remojada”, llama la atención la existencia de una placa de altitud del Instituto Geográfico Nacional que marca unos 7 metros sobre el nivel del mar, la cual cosa no deja de sorprender en tanto que resulta evidente que no hay tanta distancia entre el agua y la señal. ¿Qué pasa aquí? ¿Se han equivocado? ¿Han puesto la placa como les ha salido de salva sea la parte? No, no ha sido nada de eso...¿se ha fijado que en esas placas pone alguna cosa de “nivel del mar en Alicante”? Pues justamente la costa alicantina tiene la clave. 

Placa en la estación de El Masnou
Placa en la estación de El Masnou
Hasta no hace mucho tiempo, todas las estaciones de ferrocarril españoles disponían de una placa de hierro fundido en que el Instituto Geográfico y Estadístico señalaba la altitud de dicha estación respecto el “nivel medio del Mediterráneo en Alicante”. El elemento se ha mantenido o perdido según la sensibilidad patrimonial de los responsables de las obras de reforma que durante el tiempo han sufrido las estaciones, pero si algo destacaba es aquel “en Alicante”. ¿Porqué ha de ser el nivel del mar en Alicante y no en Valencia, Málaga o Barcelona? Aunque parezca mentira tiene su razón de ser.

Plano de Montjuïc (S.XVIII)
Plano de Montjuïc (S.XVIII)
Según avanzaron las técnicas de conocimiento del mundo que nos rodea durante el siglo XIX, los estados vieron la necesidad de disponer de mapas topográficos que, más allá de los subjetivos mapas existentes hasta entonces, informaran de las alturas concretas de cada relieve en cada territorio y permitiera hacer, sobre todo, unos catastros útiles para los diferentes fiscos europeos -dígales tontos. No obstante, y si bien las técnicas geométricas ya estaban desarrolladas y habían permitido la determinación de los paralelos, meridianos y la del propio metro (ver La historia del metro o cuando la globalización se volvió necesaria), la concreción de las alturas de las montañas necesitaban de una red topográfica que partiera de una base estable. Y, en este caso, la mejor opción era el nivel del mar, habida cuenta que el agua en su superficie tiende a ser plana. El único inconveniente era la determinación de ese nivel ya que, entre olas y mareas, la superficie del mar es tan quieta y estable como la cola de una lagartija. 

Escalera de la Reina y Punto 0
Escalera de la Reina y Punto 0
Así pues, la única forma de obtener un nivel del mar estable que pudiese ser utilizado como estándar fue calcular su nivel medio a partir de una serie muy larga de datos de niveles reales. Una serie que cada país buscó, o halló, en donde pudo, pero que en la España del siglo XIX no se tenía, si bien desde 1853 se disponía del mareógrafo de Alicante, que no pasaba de ser una regla milimétrica ubicado en la conocida como Escalera de la Reina en el interior del puerto. Ante la evidencia de que la costa alicantina es la zona de menos variación del nivel de España (entre la marea alta y la baja hay tan solo 43 cm de diferencia, -ver La bahía de Fundy o las mareas de siete pisos) de un mar ya de por sí estable como es el Mediterráneo (el hecho de que Alicante sea considerada como “el Puerto de Madrid”, no tuvo ningún peso, faltaría más), en julio de 1870 se hizo que un operario tomase la medida del mar cada día a las 9, a las 12, a las 15 y a las 18 h. Una toma de datos sistemática que terminó en febrero de 1874 y que sirvió para determinar el nivel medio a partir del cual comenzar a confeccionar la red topográfica española.

Escalón con el NP-1
Escalón con el NP-1
De esta forma, a partir del dato del mareógrafo, se determinó el primer punto geodésico de precisión, el cual se ubicó en el primer escalón de la escalera interior del ayuntamiento de Alicante y que fue bautizado con el nombre de Nivel de Precisión 1 o “NP-1” para los amigos. Punto que se encontraba, de forma oficial a 3,4095 metros... “sobre el nivel medio del Mediterráneo en Alicante”, evidentemente.

Placa del Punto Cero
Placa del Punto Cero
A partir de este momento, los topógrafos extendieron la red geodésica principal avanzando hacia Madrid, hacia Barcelona y hacia Andalucía siguiendo las vías del ferrocarril, habida cuenta que el tren necesita trayectos lo más planos posibles, la cual cosa facilitaba la confección de una red topográfica nacional de gran extensión. Lógicamente, a partir de esta red principal sería más fácil crear la red secundaria y, con el tiempo tener cartografiado todo el territorio español. Faena que, en su formato de mapas a escala 1:50.000 no acabó hasta el año 1968. Pero... ¿entonces qué tiene que ver con el problema de la estación de Premià?

Tierra, Geoide y Elipsoide. Imágenes reales y la matemática
Imágenes reales y matemáticas
El hecho de tomar como referencia el nivel del mar, por muy teórico que sea tiene que ser contrastado con la realidad y, en este caso, resulta que la superficie del mar no es igual en todos lados porque la tierra no es esférica, sino achatada por los polos (el conocido como "geoide"). Ello significa que, cuanto más al norte, menos distancia hay al centro de la Tierra, por lo que la superficie del mar y, por tanto los relieves, están en proporción más bajos, necesitando una serie de rectificaciones de los cálculos para adaptarse a la realidad. El avance de las ciencias topográficas y geodésicas posteriores han ido adaptando las medidas iniciales, de tal forma que los mapas topográficos actuales ya incluyen las variaciones y rectificaciones locales, cosa que no han hecho las placas de hierro fundido instaladas durante el siglo XIX y que han fosilizado una lectura que si bien es cercana a la realidad no es exacta y más, si, como ocurre en la actualidad, el nivel del mar por acción del cambio climático está aumentando. 

Mareógrafo de Marsella
Mareógrafo de Marsella
Así las cosas, cada país adoptó un punto en que el nivel medio del mar fuera lo suficientemente representativo como para desarrollar su propia red cartográfica (Holanda en Amsterdam, Francia en Marsella, Gran Bretaña en Newlyn, Cornualles, y España en Alicante), adaptándose a las características geográficas de cada uno y, como siempre pasa, muchos jugando con sus intereses políticos (ver El wolframio o la batalla perdida por la química española). No en vano casi todos los países de la órbita ex-soviética se basan en el nivel medio del mar en Kronstadt, una isla ubicada en el Báltico en frente de San Petersburgo

Superficie real, geoide y elipsoide
Superficie real, geoide y elipsoide
Por su parte, los países que no tienen costa, o bien utilizan el que correspondería a la representación matemática del planeta (en tanto que utilizar una pelota abollada por todos lados como base es un follón, se han inventado una superficie matemática que se adaptaría al máximo a la forma real de la Tierra y que se conoce como elipsoide) o bien utilizan el del país más cercano con mar, tal y como pasa con Andorra, que también utiliza el nivel de Alicante.

En definitiva, todo un prodigio matemático, físico y geográfico que, como muestra del intento de la Humanidad de comprender un planeta terriblemente complejo y dinámico, se esconde en forma de ignorada placa de hierro fundido ante nuestros siempre atribulados ojos.

NP-1, el primer punto topográfico de España
NP-1, el primer punto topográfico de España

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jueves, mayo 03, 2018

Passchendaele, la pírrica batalla donde el barro se tragó 40.000 soldados

Passchendaele, barro y muerte
Passchendaele, barro y muerte
Que la guerra es una absurdidad en la que nunca gana nadie es algo que, a pesar de que no me canse de mostrar mil y un ejemplos de ello en Memento Mori (ver Kaya Koyu, el monumento a la sinrazón humana), por evidente y reiterado, ya nos suena como a vacío. No obstante, y como el ser humano, a pesar del apelativo “sapiens”, acostumbra a ser bastante duro de entendederas y muy corto de memoria, nunca está de más el repetirlo. Y más si, como en la historia que os traigo hoy, se saldó con la espeluznante desaparición de más de 40.000 soldados tragados, literalmente, por el fango. Me refiero a la pavorosa Batalla de Passchendaele.

¿Trincheras o matadero?
¿Trincheras o matadero?
Si alguna guerra ha habido que merezca el apelativo de “matanza”, esa ha sido la Primera Guerra Mundial. El hecho de ser un conflicto armado en que las técnicas de matar del siglo XX se estrellaban de bruces con las decisiones de unos mandos anclados mentalmente en el siglo XIX, produjo la carnicería más gratuita y absurda de la historia de la humanidad. En este contexto, en que los soldados solo eran carne fresca a disposición de unos cuadros cómodamente ubicados en sus palacetes de la retaguardia, el Frente Occidental se había convertido en una inútil cinta continua de desdichados que llevar al matadero. Un matadero enquistado en una inmóvil guerra de trincheras.

Avance mínimo durante la campaña
Avance mínimo
A mediados de 1917, el frente ubicado en tierras belgas continuaba clavado en las cercanías de la ciudad flamenca de Ypres sin que ninguno de los contendientes, ya fueran los Aliados o el Imperio Alemán, avanzase más que unos pocos metros hacia un sentido u otro a costa de numerosísimas bajas. En esta situación, tras una serie de encuentros entre el alto mando aliado, el general británico Douglas Haig decide que la mejor opción para decantar la balanza es un ataque masivo de las tropas británicas y francesas para, rompiendo rápidamente el frente ubicado al sur y este de Ypres tomar la pequeña villa de Passchendaele, distante tan solo 12 km de esta ciudad belga. La reciente victoria de Messines (14 de junio de 1917) unos pocos kilómetros más al sur, el romper la linea férrea de suministro de la base de submarinos alemanes ubicada en Brujas y que pasaba a 8 km al este de Passchendaele, así como el tremendo miedo a que el posible abandono de la guerra por parte de Rusia liberara el Frente Oriental y diera una superioridad decisiva a los teutones, parecían avalar la operación, la cual empezaría el día 31 de julio. Sin embargo, una cosa es la teoría y otra, como más tarde se pudo ver, la realidad.

General Sir Douglas Haig
General Sir Douglas Haig
Una de las variables que tuvo en cuenta el General Haig y sus asesores fue la climatología, habida cuenta que las lluvias enfangaban el campo de batalla y no permitían un rápido avance ni de las tropas, ni de las caballerías, ni del armamento pesado. Las estadísticas decían que durante la primera quincena de agosto era cuando menos llovía en la zona, de tal forma que el tiempo sería lo suficientemente estable como para permitir avanzar. El único inconveniente fue que el 2 de agosto comenzó a llover de forma torrencial con las peores lluvias recogidas en los últimos 30 años. De la forma más sorprendente posible, el Alto Mando, lejos de suspender la operación, siguió con ella adelante.

Tierras llanas y fértiles
Tierras llanas y fértiles
La zona de Ypres es una zona eminentemente llana que, modelada por los hielos de la última era glacial, se encuentra cubierta con una capa de varios metros de arcillas y arenas. Una fértil capa sedimentaria producto de la deposición eólica, así como de la colmatación de lagos someros con los finos materiales que la retirada del casquete glacial iba dejando expuestos a la intemperie. No en vano antes de la guerra la zona había desarrollado una fuerte economía agrícola. No obstante esta composición del suelo problemática, para más inri, las capas más profundas estaban formadas por lutitas (arcillas), margas y arenas de época terciaria. Y ante este panorama potencialmente embarrado, como es fácil de prever, Murphy se puso las botas (ver La real y truculenta historia que inspiró a Moby Dick).

Fango y destrucción
Fango y destrucción
Las lluvias torrenciales se prolongaron hasta el 20 de septiembre, tiempo en que la feroz ofensiva aliada se encontró con la aún más feroz defensa alemana (la cual no dudó en utilizar sus temidos gases asfixiantes -ver La macabra innovación española de bombardear con gases asfixiantes la población civil). La ganancia y pérdida de terrenos era continua, y a un avance mínimo le seguía una igual mínima reconquista pero a un coste elevadísimo de vidas tanto para uno como para otro. Se estima que la media era de más de 2.000 muertos diarios... ¡por bando! Una auténtica carnicería.

Animales atrapados en el fango
Animales atrapados en el fango
Conforme que la ofensiva continuaba pese a las voces cualificadas que se levantaban en contra, los continuos bombardeos, junto con la insistente lluvia convirtieron el terreno en un tremendo lodazal en que, a modo de inmenso pantanal de arenas movedizas y fango pegajoso, las personas y las caballerías, literalmente, se ahogaban. Los tanques no se podían utilizar al quedar atrapados en el lodo e incluso los rifles quedaban inutilizados si les entraba barro en el cañón. La llegada del otoño y el correspondiente mal tiempo no hicieron más que empeorar las cosas, situación que se tuvo que sumar al derrumbe total de la moral de las tropas británicas que veían como, lejos de ser la corta y contundente ofensiva prometida, la situación se eternizaba sin resultados positivos.

Tropas canadienses tras la batalla
Tropas canadienses
Ante la prolongación de las hostilidades, el Alto Mando Aliado decidió incorporar tropas canadienses de refresco que se sumasen a los británicos y franceses, entrando en combate el 7 de octubre, consiguiendo llegar a Passchendaele finalmente el 6 de noviembre y dándose por finalizada la operación el 11 de noviembre de 1917. Una operación que se puede traducir en que se utilizaron 102 días de ofensiva a degüello para avanzar tan solo 8 kilómetros. Para mear y no echar gota.

Passchendale, antes y después
Passchendale, antes y después
El resultado final de la Batalla de Passchendaele fue, sencillamente, aterrador. Si bien hay cierta controversia en los números finales, se estima que los británicos perdieron 250.000 soldados, los franceses 8.500, los canadienses unos 4.000 y los alemanes unos 260.000. Más de medio millón de víctimas de los cuales unos 90.000 no se pudieron identificar. Se lanzaron más de 4 millones de obuses que hicieron desaparecer del mapa el pueblo de Passchendaele (el nuevo ocupa el mismo sitio pero se denomina Passendale) dejando el suelo triturado a base de cráteres -algunos se han convertido en lagunas naturalizadas- y transformándolo en un lodazal en el que desaparecieron los cuerpos de entre 40.000 y 42.000 personas, los cuales jamás fueron encontrados.

Infierno de lodo
Infierno de lodo
A día de hoy, nadie se explica el porqué de la obstinación del General Haig en dicha operación, sobre todo por el resultado tan pírrico obtenido. Se especula que fue la honrilla por conseguir una victoria británica antes de que llegasen los refuerzos yanquis (ver Henry Gunther, el último muerto de la 1ª Guerra Mundial), lo que motivó el mantenimiento a ultranza de la ofensiva pese a tenerlo todo en contra. Incluso el primer ministro inglés de entonces, Lloyd George, en 1934 (ya había pasado un tiempo prudencial, claro) declaró que ningún soldado ni ningún servicio de inteligencia era capaz de defender aquella campaña, la cual se podía considerar el peor desastre de toda la Gran Guerra. Una Gran Guerra que, estigmatizada por el “espectáculo” dantesco y sin sentido de Passchendaele, tiene como imagen icónica la absoluta destrucción generada en esta esquizofrénica batalla.

O como expresó el poeta Siegfried Loraine Sassoon: Morí en el infierno...

...(lo llamaron Passchendaele).

Cementerio de Passchendaele
Cementerio de Passchendaele

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