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lunes, septiembre 19, 2005

Pensamiento único

Personalmente, aunque me gusta el fútbol, tampoco soy un aficionado muy entusiasta al deporte-rey. No me quita el sueño que mi equipo –el RCD Espanyol- pierda diez partidos seguidos, así como tampoco me produce un ataque de histeria que los gane. El fútbol es un juego como puede ser el bádminton, los dardos o la brisca, es decir, un pasatiempo. Sin embargo, la cosa se complica cuando la sana competición deportiva pasa a ser una herramienta de manipulación social a manos de las élites del poder, tanto político como económico. Y es entonces cuando me regodeo y recochineo de que el Real Madrid y el Barça hayan perdido esta semana.

El fútbol, como espectáculo de masas que es, atrae al poder como un imán ya que ve en él un altavoz de propagación de sus idearios particulares (políticos o económicos) con el cual influir de forma indirecta a una cierta cantidad de la población. Cuanta más gente muevan, tanto más fuerte será el control que ejerza el poder sobre sus adeptos.¿Y como se consigue esto? Ganando. Simplemente... y a toda costa

Tanto el Barça como el Madrid son un cóctel político-económico de primer orden y las luchas intestinas del poder por controlarlos, como se puede ver continuamente, son impresionantes. En el caso del Real Madrid, es la rica derecha nacionalista española la que parte el bacalao, y en el Barça, la elite político-económica catalana al completo. Por si fuera poco, ambos arrastran una curia de fieles servidores -a cual más trepa y lameculos- entre los que no faltan medios de comunicación, al vivir estos prácticamente de las ventas que producen ambos equipos. Ser más que un club, visto lo visto, no es exclusivo de una sola entidad.

Tal es el poder fáctico que desprenden ambas entidades, que llegan a afectar en el día a día de la población civil –ajena la mayoría del tiempo al fútbol- de su zona de influencia. Ser o no ser de un cierto equipo se convierte en algo que llega a no ser de libre elección, ya que ambos clubs acaban por imponer –mayormente por la fuerza mediática- su criterio, su “PENSAMIENTO ÚNICO”. Ser del Espanyol en Barcelona, del Atlético en Madrid, o del Levante en Valencia, se convierte en casi imposible debido a la presión del grupo para que no lo seas.

La libertad de elección futbolística no existe. Quien es aficionado a estos equipos “no punteros” lleva el marchamo mediático de ser un fracasado y un perdedor, y has de ser un auténtico héroe para sobreponerte al machaque constante y continuo que hacen los medios de comunicación afectos al “régimen” futbolístico imperante. En Barcelona, por ejemplo, se llega a hacer cantar a los críos el himno del Barça en la guardería. Indignante y antidemocrático.

El hecho de que solo es catalán quien es del Barça es una realidad taladrada -consciente e inconscientemente- que redunda en beneficio del equipo más poderoso y con más medios de comunicación en su corte de adláteres lame traserillos. Solo así se entiende que se produzcan hechos como que TV3 en su programa de los domingos llegue a gastar –a cargo de todos los catalanes, eso sí- 80 minutos de televisión en asuntos del Barça y solo 3 para el Espanyol. Si contamos que espanyolistas seremos sobre unos 300.000 en Catalunya y nos merecemos 3 minutos, 80 minutos implica que aquí hay 8 millones de aficionados barcelonistas. ¿Tiene sentido siendo 7 millones de habitantes? Sí, el que ellos quieran darle.

Esto es un ejemplo de Barcelona, pero me consta que ocurre exactamente igual en el resto de España con otros equipos, otros deportes y otras realidades, pero todas van a parar al mismo sitio: el poderoso tiene derecho de pernada. Y eso sería en otra época, pero no ahora y aquí, duela a quien duela. Ya es una lucha que excede lo deportivo y entra en lo personal. Nadie puede aislarse del fútbol en esta sociedad, y no puede ser que el poderoso – por acciones ajenas al deporte- sea quien dictamine tus preferencias deportivas.

¿Que han perdido? Que se jodan. "Another break in the wall", que dijo Pink Floyd.

4 comentarios:

scape95 dijo...

Me gusta cada vez menos el fútbol. Para ver un partido "decente" hay que ver 500 y, la verdad, no me apetece. Además, ya no es un deporte sino un negocio puro y duro (y político, como bien explicas).

Casi por casualidad, vi ganar la Liga al Depor en su estadio y, desde entonces, simpatizo con ese equipo (aunque apenas le veo). Ya me caía bien desde que perdió aquélla Liga por fallar un penalti.

Y ésto me sirve para lo más divertido del fútbol, que es meterse con los fans de los equipos que pierden. Y si algún domingo, como ayer, pierden todos los "grandes", los lunes son muy divertidos en el trabajo. Como hoy. XDDD

Un saludo!!

Anónimo dijo...

Para muestra un botón, preparate que el realísimo ha impugnado el partido con el Español por el pitido del árbitro un segundo antes del gol del Español. A ver como se arregla el asunto.

Ireneu dijo...

Genial. Ellos llevan años haciendo lo que les sale de los cojones con los árbitros, reventando partidos para beneficiarles, y a las primeras de cambio que prueban -mínimamente- su propia medicina se rebotan como si hubiese sido la mayor de las injusticias. Que se jodan, y sepan que es lo que los equipos pequeños de la liga llevan padeciendo durante decenios y de una forma continuada.

No es lo mismo dar que recibir, definitivamente.

J-vol dijo...

El jurgo es asín...