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jueves, diciembre 02, 2010

La inaudita proeza de Shackleton.

En la actualidad, la gente, desde su cómodo sofá y ante la pantalla de la televisión, se imagina viviendo aventuras como un Sandokán cualquiera. Más o menos era lo que se debía pensar el capitán Shackleton cuando organizó una expedición para cruzar la Antártida de cabo a rabo en 1914. Era la época gloriosa de las aventuras polares, pero lo que jamás llegó a pensar es que su expedición se convertiría en la aventura humana más impresionante de la que se tiene noticia. La realidad, muchas veces, supera a la ficción más surrealista.

Shackleton
"Se buscan hombres para viaje peligroso. Salario bajo, frío intenso, largos meses en la más completa oscuridad, peligro constante, y escasas posibilidades de regresar con vida. Honores y reconocimiento en caso de éxito." Así rezaba el anuncio que el irlandés Ernest Shackleton  (1874-1922) puso en el periódico The Times en 1914 para emprender la travesía de la Antártida. Un año antes Amundsen había conseguido llegar al Polo Sur, y los grandes objetivos polares estaban copados, por lo que sólo faltaba la gran travesía del continente blanco. Aunque parezca mentira, más de 5000 personas respondieron el llamamiento, y el 8 de agosto de 1914, el barco Endurance, con 28 hombres a bordo, partía de Plymouth (Inglaterra) rumbo a las Georgia del Sur, donde arribaron el 5 de noviembre. Tras un mes preparando la expedición y en espera de aprovechar la llegada del verano, el 5 de diciembre salieron hacia la Antártida.
 
A los dos días de partir encontraron los primeros e inesperados problemas en forma de una banquisa que se había formado demasiado al norte, y les obligó a reducir la velocidad. Siguieron avanzando hacia el sur, pero el hielo era cada vez más espeso y llegó a bloquear el barco diversos días. Penosamente siguieron hacia el sur en pleno mar de Weddel.

El 14 de febrero de 1915, el Endurance quedó totalmente bloqueado por los hielos y se decidió abrir el hielo a base de pico y pala. El trabajo no sirvió de nada y el barco quedó inmovilizado, por lo que el día 24,  Shackleton decidió bajar al hielo y romper la rutina del barco. El barco había llegado al máximo de sur de la expedición, ya que desde entonces, la deriva del hielo flotante lo llevó hacia el norte. Estaban atrapados y esperaban que una vez pasado el invierno el mar se abriera y les permitiera liberar el barco. Los hombres se prepararon para pasar un duro invierno bloqueados en el Endurance.

Los marinos se entretenían como podían, ya sea haciendo carreras con los perros que llevaban, haciendo teatro o dando paseos a la luz de la luna, habida cuenta que durante los oscuros meses invernales de mayo, junio y julio no se veía prácticamente nada. A finales de julio de 1915 los hielos hicieron una primera señal de romperse y durante agosto, el hielo se iba quebrando alrededor del barco. Sin embargo la deriva continuaba llevando el barco hacia el norte y el hielo, si bien se iba rompiendo, a la vez se iba compactando, provocando que las placas de hielo se montasen unas sobre otras y sometiendo al Endurance a unas presiones cada vez mayores. El 30 de septiembre, el hielo partió las cuadernas del barco con un ruido violento y tuvieron que abandonarlo, llevando con trineos lo más imprescindible, entre ello los botes salvavidas.

La única opción de salvamento era llegar a una de las islas exteriores de la Antártida, en las cuales sabía que existían suministros, distantes unos 500 kilómetros. El 30 de octubre empezó una penosísima marcha debido a que la banquisa se había convertido en un campo de mini-montañas de hielo imposible de atravesar con facilidad, avanzando muy pocos metros cada día, por lo que montaron un campamento en el hielo, la cual cosa les permitía hacer viajes al barco a recuperar suministros en un principio desestimados. Para más inri, hacía cierta calor -lo cual provocaba una pegajosa nieve húmeda- y los hielos no hacían más que derivar, de tal forma que el llegar a su objetivo salvador se hacía cada vez más inalcanzable. Llevaban un año en aquel desierto helado.

El 21 de diciembre de 1915, decidieron hacer una segunda intentona, pero los víveres comenzaban a escasear y se decidió dar muerte a los perros para poder acompañar las focas que se habían convertido en la base de la dieta de aquellos hombres. No obstante, la desesperante lentitud en el avance (12 kms en siete días) y la continua y errática deriva del hielo hicieron que Shackleton creara un nuevo campamento en uno de los bloques de hielo más lisos y estables. Y allí permanecieron, con la vista puesta siempre en aquellas montañas que veían perfectamente, pero que eran inalcanzables, hasta el día 8 de abril de 1916 en que el bloque de hielo en que estaban se partió y quedó reducido en una balsa triangular. Decidieron armar los 3 botes salvavidas y dirigirse entre la peligrosa banquisa hasta la isla Elefante, donde llegaron el día 14 de abril.

El bote James Caird
Una vez en la deshabitada isla Elefante, montaron un campamento con los botes, pero dada la precariedad tanto física como mental de los hombres, se descartó iniciar un nuevo éxodo. Sin embargo, se tendría que ir a buscar ayuda, por lo que Shackleton y 5 más se enrolaron en la aventura más atrevida que se le puede ocurrir a alguien: alcanzar las islas de Georgia del Sur en uno de los botes en una singladura de 1300 kms por los mares más turbulentos y peligrosos de la Tierra. Prepararon el bote "James Caird" y el 24 de abril salieron rumbo a las Georgia.

1300 kms de viajecito
Segun cuenta Shackleton en su diario, se encontraron con las olas más grandes que había visto en 26 años como navegante y con vientos huracanados, pero tras 14 días de dura navegación y llevando a los seis hombres al borde de la extenuación, llegaron a su destino el día 10 de mayo. Aunque parezca mentira no estaban rescatados, habían arribado a la costa sur de la isla, cuando la base británica se encontraba en la norte, separados de ella por inexploradas altas montañas llenas de glaciares. Shackleton, desestimando dar la vuelta a la isla con el barco debido a la precariedad extrema de la embarcación y de sus ocupantes, decidió ir a pie hasta la base junto con dos marineros, mientras que los otros tres esperaban su llegada.
 

Isla Georgia del Sur
El viaje duró 36 horas, pero según parece fueron de lo peor de todo el viaje. Sin mapas, caminando de noche a la luz de la luna, cuenta Shackleton que tuvieron la impresión de ser 4 personas y no las 3 tres que en realidad era, en un claro ejemplo de lo que se ha dado a llamar "factor tercer hombre", por el cual montañeros al borde de la muerte, misteriosamente sienten la presencia de alguien más que les ayuda a sobrevivir. Al fin, el 20 de mayo de 1916 pudieron llegar a Husvik Harbour, y con un ballenero fueron a buscar a los tres marinos que habían quedado con los restos del James Caird. Rescatar a los de la isla Elefante, iba a ser más dificil.

Shackleton intentó hasta cuatro veces acceder hasta la isla Elefante, pero los hielos impedían constantemente el poder acceder a ella y no fue hasta el 30 de agosto de 1916 que, con un pequeño -pero resistente- barco de vapor chileno, llegó a Isla Elefante para recoger sanos y salvos a los 22 marineros que allí habían quedado y que habían sobrevivido a base de pingüinos, pescado y focas.

La vuelta a Inglaterra pasó sin pena ni gloria habida cuenta que se estaba en plena Primera Guerra Mundial, pero aún así la proeza de Shackleton dio la vuelta al mundo. Estar 24 meses y 22 días perdidos en medio de la Antártida, y encima, conseguir que no muera ninguno de los tripulantes es algo que aún se estudia como ejemplo de liderazgo y de toma de decisiones en momentos difíciles. 

Y es que, se mire como se mire, el ser humano, definitivamente, es extraordinario. 

La realidad supera a veces la ficción.

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