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martes, mayo 13, 2014

El indignante caso del doctor Ferran i Clua y su vacuna contra el cólera

Jaume Ferran i Clua
Harto es sabido que, en este país, la investigación científica y la recogida de excrementos de perro de la calle están valorados más o menos por igual, y aún casi diría que los barrenderos están más valorados. Esta situación que obliga a muchos de nuestros prometedores científicos a irse a buscarse los garbanzos en otros países donde los valoren más, no es una situación nueva y, por desgracia, en España es algo que se remonta a mucho tiempo atrás. Sin embargo, hay científicos que, trabajando aquí,  y con más valor que un torero, han logrado obtener reconocimiento mundial a su tarea a pesar de que incluso el Congreso de los Diputados emitió una Real Orden prohibiendo poner en práctica sus descubrimientos. Este es el indignante caso del doctor Ferran i Clua y su vacuna contra el cólera.

Bacilo del cólera
A finales del siglo XIX, el mundo se veía afectado por periódicas oleadas de infecciones las cuales, gracias a los modernos sistemas de transporte del momento, se dispersaban por el planeta en la misma proporción que lo hacían las mercancías y viajeros que transportaban. En esta situación, el cólera, enfermedad bacteriológica proveniente de Asia, empezó a distribuirse por Europa, especialmente por las zonas portuarias, encogiendo el corazón a los responsables civiles debido a su alta mortalidad. La comunidad científica mundial se puso manos a la obra para ponerle freno a esta epidemia.

Marsella
El cólera había llegado a Marsella en 1884 y, en previsión de que no llegase a puertos españoles, desde el Ayuntamiento de Barcelona se envió al joven médico de Corbera d'Ebre, Jaume Ferran i Clua (especialista en la nueva rama de la medicina llamada "bacteriología" y médico de Tortosa) a estudiar el caso. El Dr. Ferran había seguido muy de cerca las nuevas técnicas de Pasteur y los descubrimientos de Koch sobre el bacilo del cólera, consiguiendo unas muestras en Marsella para con ellas desarrollar en su laboratorio una variedad de vacuna siguiendo el procedimiento de Pasteur. La cosa, que empezó con buen pie, se torció nada más llegar a la frontera de La Jonquera.

Las autoridades, al enterarse de que el Dr. Ferran llevaba muestras de la bacteria, se negaron en redondo a dejarle pasar, ya que no querían que el bacilo entrase a territorio español. Los burócratas tuvieron 8 días retenido a Ferran en la aduana, el cual temía que se estropeasen las muestras. Al final accedió a dejarlos y, entonces, le dejaron pasar. Sin embargo, Ferran se las ingenió para pasar una de las muestras metida en el calcetín, salvando de esta forma, la tontería de la administración.

Valencia
Una vez en su laboratorio, el Dr. Ferran desarrolló una vacuna contra el cólera que probó en primera instancia con su propia familia, funcionando a la perfección. Habida cuenta el gran miedo que había entre la población al contagio (hasta entonces solo se utilizaba la cuarentena para evitarlo), el mero hecho de poder tener una opción a salvarse del contagio era bienvenido. La divulgación del descubrimiento le comenzó a granjear la animadversión de científicos y políticos españoles -la envidia está visto que es deporte nacional-, los cuales empezaron a acusar a Ferran de publicar resultados no contrastados y a criticarlo agriamente, tratándolo como "aquel osado mediquillo catalán". A pesar de todo, el Dr. Ferran siguió adelante.

Tortosa y el río Ebro
Pero al año siguiente, en 1885, el cólera finalmente llegó a España al puerto de Valencia, afectando seriamente la ciudad del Túria. Fue entonces que un médico valenciano el Dr. Amalio Gimeno, que sabía de los trabajos de Ferran i Clua fue a buscarlo a Tortosa y se lo llevó a Alzira para comenzar a trabajar en la vacunación masiva de la población, debido a la alta mortalidad que tenía la enfermedad -en Marsella, habían muerto más de 3500 personas.

Santiago Ramón y Cajal
Una vez allí, sin cobrar un duro a nadie, Ferran i Clua y el grupo de médicos que lo llevaron empezaron a vacunar masivamente a la población, ya fueran ricos o pobres, logrando inyectar unas 30.000 dosis de la vacuna contra el cólera, con resultados muy satisfactorios. Sin embargo, la campaña llegó a oídos (¿o era a los odios?) de sus oponentes científicos -algunos de los cuales tan famosos como Ramón y Cajal, por aquel entonces "enchufado" en el gobierno- que forzaron al ministro de Fomento, Francisco Romero Robledo a hacer parar la campaña de vacunación hasta que una comisión de "técnicos oficiales" emitiese un "informe autorizado", el cual, evidentemente, fue negativo. Romero Robledo -famoso por sus pucherazos en las "elecciones" de diputados-, de esta forma cedía a los intereses de quien no veía bien que alguien pusiera remedio a aquella enfermedad al margen de los intereses políticos y caciquiles de los mandamases del momento.

Francisco Romero Robledo
Al final, el Congreso aprobó el 18 de mayo de 1885 una Real Orden según la cual, sólo se permitiría seguir vacunando al Dr. Ferran i Clua (nadie más) y siempre que lo hiciera con un delegado del gobierno delante. Semejante idiotez -imposible vacunar masivamente una persona sola- era un eufemismo del gobierno conservador por no poder negar la mayor de la técnica del Dr. Ferran, la cual había sido avalada por numerosos científicos internacionales. El "establishment" científico y los caciques habían vencido.

Ferran, con un cabreo monumental ya que poco menos que lo tomaban por tonto, rechazó seguir la vacunación a pesar de que tenía miles de personas en lista de espera para recibir una vacuna. ¿Resultado? En aquel año 1885 murieron 150.000 personas en España debido a aquella epidemia de cólera, de las cuales, tan solo 54 corresponderían a los 30.000 vacunados por el Dr. Ferran. Los números cantaban.

Ferran i Clua, posteriormente, desarrolló una vacuna anti-tifus y otra antirrábica, así como una serie de medidas profilácticas de las infecciones para los soldados durante la Iª Guerra Mundial, que le hizo merecedor de todo tipo de honores a nivel internacional. De esta forma, de fuera a dentro, el reconocimiento de la tarea científica sin parangón del doctor Ferran i Clua llegó finalmente a su país. 

Monumento a Ferran i Clua en BCN
Desgraciadamente, la envidia -Ramón y Cajal pretendió incluso apropiarse de la paternidad de la vacuna- y la corrupción política frenaron la solución a la epidemia del cólera de 1885, sin importarle lo más mínimo las 150.000 víctimas que su irresponsabilidad acabó produciendo. Una lección para grabarse a fuego en la piel de todos aquellos politiquillos de tres al cuarto que, en la actualidad, están recortando obsesivamente en sanidad pública.

Igual, alguno de sus antepasados fueron vacunados por el Dr. Ferran i Clua.


El Dr. Ferran i Clua luchando contra la rabia


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