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miércoles, junio 01, 2005

Cabeza europea, corazón mediterraneo.

Ayer comentaba la diferencia sustancial que todavia separa a España del resto de la comunidad europea y las implicaciones en el voto a la constitución europea. Estas diferencias son mas que visibles si viajas a los paises de tu entorno mas inmediato.

Yo, debido a que los aviones lo mas cerca que los quiero ver es en las películas -para desgracia de mi pareja- no soy en absoluto cliente para las agencias de viajes, pero sin embargo me encanta conducir y he tenido la oportunidad de viajar en coche por Italia y por Francia. El mundo, una vez sales por la frontera cambia de la noche al dia, aunque las colas y atascos esten perfectamente globalizados.

En Francia las carreteras están perfectamente señalizadas y de una calidad estupenda, ya sean autopistas de pago -caras como todas- o carreteras públicas, con areas de servicio cada pocos kilómetros incluso en las carreteras nacionales y autovias. Llama la atención la cantidad de rotondas que hay en los cruces. Practicamente no existen cruces semafóricos y aunque estés acostumbrado a ellas, llegas a hartarte de tanto hacer la vueltecita. De todas formas se ha de reconocer que si dudas en un cruce, van la mar de bien para pensar rapidamente mientras que vas dando vueltas dentro de ella.

Otra cosa que me llamó la atención es que al mas mínimo bache en el arcén ya tienen puesto un cono de señalización. Aquí eso lo hacen cuando ha desaparecido la mitad de la calzada, y no siempre. Y un detalle que nos habla de la idiosincrasia francesa: las autopistas del sur de Francia, comienzan en ¡Nantes! Miren el mapa y ya me diran ustedes si eso es el sur de Francia, pero si contamos que para ellos el centro es Paris, pues entenderán el porqué.

En Italia, la cosa es diferente, tal como entras por Ventimiglia dices: esto no es Francia. Los colores que definen los paneles de autopistas y carreteras son diferentes, y todo respira un aire mas conocido, mas mediterraneo, mas caótico. Carteles pequeñitos, carreteras mal señalizadas, coches a toda castaña (los españoles vamos en plan tortuga en comparación), pero hasta tal punto, que en las autopistas -oscuras y sin una bombilla en decenas de kilómetros- los paneles de señalización de las salidas próximas estan puestos, en tamaño pequeño, en el lado ¡izquierdo! de la via. Comprendí el porqué cuando nos adelantó, cercano a Bologna, un Ferrari Testarossa a mas de 200 kms. h.: el lado derecho ni lo huelen. Lo bueno que tienen las autopistas es que no hay peajes intermedios, sino que tu entras y pagas en las salidas. Eso si, como hagas un trayecto largo, te pegan un sablazo que cagas.

Eso si, donde vayas encuentras catalanes. Del resto de España tambien, pero en mucha menor proporción. Y van dejando huella... En una gasolinera cerca de Parma, un joven gasolinero de pintas magrebies, después de ponerme gasolina y preguntarme si era español, me preguntó en italiano que quería decir "hijolagranputa". Me quedé de pasta de boniato ya que lo que menos me esperaba era esa pregunta. Por suerte que mi novia es una crack con el italiano y entre los dos le explicamos que era un insulto... grave. El hombre se retiró diciendo "Ma Dio!" y mirando al cielo. A saber porqué un paisano le habría soltado tal "lindeza".

En fin, que el sur, sigue siendo el sur y el norte, el norte, y que hay que currarselo para conseguir estar al nivel que están otros. O sinó comparenme un Moratinos o una Ana Palacio con un Villepain. Exactamente lo mismo.

Eso si, como el sol mediterraneo, ninguno.

2 comentarios:

Pere Serafí dijo...

A mi, por contra, adoro los viajes en avión. Hace poco estuve, en New York y pude escaparme a las Cataratas del Niagara, y allí comprobar la gran ventaja de los europeos que no tenemos que cruzar fronteras.... dios mío!!!! no recordaba lo duro y pesado que es para hacer la distancia entre la Jonquera y Perpignan pasarte casi 3/4 de hora para que te pongan un sello.

odyseo dijo...

Tienes razón en lo de las carreteras y en otras muchas más cosas, pero luego, si profundizas en la manera de ser, por ejemplo, de los franceses de la costa azul (pero no los ricos, esos son iguales en todo el mundo) o los italianos del sur, ves que en el fondo somos muy parecidos.