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martes, octubre 22, 2013

El pino de Yamaki, 400 años de bonsai antinuclear

El Pino de Yamaki
Los bonsais, si bien tienen una belleza innegable, tienen fama entre el gran público de ser frágiles, exigentes y difíciles de cultivar..., y tal vez no les falte razón. A pesar de esta visión "catastrofista" de este arte de origen japonés, los amantes del bonsai sabemos que no es tan fiero el león como lo pintan, pero también sabemos que mantener un árbol durante años, no está al alcance de todo el mundo y se necesita una gran experiencia. Es en esta situación que podrán imaginar el titánico esfuerzo que ha significado para generaciones de maestros bonsaistas mantener un árbol vivo en su maceta desde principios del siglo XVII y haber sido capaz de haber llegado hasta nuestros días. Pues bien, ello queda en una mera anécdota si sabemos que, además, sobrevivió a la caída de la bomba atómica de Hiroshima. Estamos hablando de el Pino de Yamaki.

Museo del Bonsai dentro del USNA
El Pino de Yamaki es un raro pino blanco japonés de la variedad "Miyajima" (Pinus parviflora var. Miyajima) que se puede visitar en el U.S. National Arboretum de Washington (EE.UU.) desde 1976 en que fue donado, junto a otros 53 bonsais de gama extra, por el pueblo de Japón al pueblo estadounidense en conmemoración del bicentenario de la fundación de los Estados Unidos. Su propietario era Masaru Yamaki, un afamado profesional del bonsai japonés que lo había tenido en su colección particular desde hacía 6 generaciones, lo cual lo hacía uno de los árboles más valorados del diplomático presente.

Este espectacular bonsai no es exactamente pequeño. El tiesto tiene, por sí solo, 1'20 metros de largo y una profundidad (altura) de unos 30 cms, y es que no podía ser menos habida cuenta el metro y medio de alto del árbol y los 40 cms de diámetro de su tronco. Viendo estas medidas se entiende entonces porqué, para moverlo y manipularlo, se necesitan un mínimo de cuatro personas. Sea como sea, este árbol está documentado que está cultivado en tiesto desde 1625, cuando se trasplantó de la naturaleza con una edad de unos 50 años, procedente de la isla de Miyajima. Estaríamos hablando de un árbol que ronda los 450 años de vida. Ahí es nada.

Masaru Yamaki con su pino, al fondo
No obstante, todo el esmero y sapiencia aplicados al pino de Yamaki durante generaciones para asegurar su supervivencia, casi se fueron al traste cuando la mañana del 6 de agosto de 1945, el B-29 Enola Gay lanzó la bomba Little Boy sobre Hiroshima. El sensei (maestro) Masaru Yamaki tenía su jardín a menos de 3 kilómetros de la zona cero y, ante la explosión, toda la familia se resguardó como pudo. Todos los cristales de la casa salieron disparados ante la onda expansiva, dañando a todo el mundo, pero de poca consideración. 

Por su parte, la colección de bonsais se salvó milagrosamente del estallido nuclear gracias a un muro alto que envolvía el jardín y que paró la mortífera onda. Desde entonces, tanto la familia Yamaki como sus árboles fueron declarados oficialmente hibakusha -supervivientes- como tantos otros árboles y personas que sufrieron la deflagración atómica y sobrevivieron (ver El árbol del cielo que sobrevivió al infierno y también La extraordinaria suerte (o no) del hombre que nació tres veces).

Masaru Yamaki en el USN. Arboretum
Ahora, tal vez no seamos conscientes de lo que significa cuidar un bonsai como el Pino de Yamaki, el cual necesita cuidados continuos y diarios para su supervivencia, pero que tras la bomba atómica, con el terrible caos que le acompañó, aún se mantuviera con vida, habla muy alto de la abnegación, sacrificio y compromiso personal de un bonsaika con respecto de sus árboles. Solo así se entiende que Masaru Yamaki, cuando unos años después volvió a visitar su pino a Estados Unidos, se pusiera a llorar ante el que había sido su árbol. Cuando el traductor le preguntó que si se encontraba bien, Yamaki respondió: "Sí. El árbol está feliz, y por eso lloro".

400 años de bonsai y una bomba atómica pueden hacer caro un árbol como el Pino de Yamaki, pero tan solo la estima de su cuidador lo convierte en algo que no tiene precio.

Eso es Bonsai.


El Pino de Yamaki. 400 años de bonsai antinuclear


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