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viernes, octubre 18, 2013

Nova Barcelona, el exilio de los vencidos el 11 de septiembre de 1714

Nova Barcelona (hoy Zrenjanin)
Cuando sentimos hablar de exiliados tendemos a relacionarlos con los exiliados políticos del último siglo, ligados a las diferentes guerras que han sacudido -y aún sacuden- todo el orbe. Sin embargo, el asunto de los exiliados y las penurias que comporta para ellos, ha sido tema recurrente en todas las guerras pretéritas y en todos los países. Sin ir más lejos, la Guerra de Sucesión entre Austrias y Borbones, con la consiguiente caída de Barcelona del 11 de septiembre de 1714, generó una gran cantidad de desplazados políticos que huyeron a otros lugares más propicios, dados los aires (por no decir huracanes) de venganza que los ganadores venían imponiendo. Ello hizo que en la actual Serbia, unos centenares de exiliados fundaran una población llamada Nova Barcelona. Corría el año 1735.

Toma de Barcelona el 11/9/1714
Después de la caída de Barcelona, se inició una gran diáspora de catalanes y de gente del resto de la Corona de Aragón opositores a los Borbones, que debido a su implicación política o militar en la guerra temían -justificadamente- la dura represión ejercida por el bando ganador. Ello provocó que se dispersaran por diversos territorios bajo soberanía de la casa de Austria, tales como Viena, Budapest, Nápoles y Sicilia. Estas dos últimas pertenecientes a la corona española hasta entonces, pero cedidas como compensación a los Habsburgo (los Austrias, vamos) en razón del Tratado de Utrecht. Sin embargo, el siglo XVIII iba a ser bastante movidito y las cosas darían un vuelco importante.

Viena en el siglo XVIII
En el año 1733 se iniciaba una nueva zarabanda de palos entre los Habsburgo y los Borbones, esta vez con la excusa de la lucha por el acceso al trono de Polonia. En esta segunda parte de la Guerra de Sucesión, Francia y España volvieron a luchar por la hegemonía en suelo europeo. Esta vez, sin embargo, el ring se instaló en tierras italianas. Felipe V ansiaba recuperar los reinos de Nápoles y Sicilia que había tenido que ceder años atrás y, en connivencia con sus familiares franceses, invadió ambos territorios. Los exiliados catalanes, vieron como el "ogro" borbónico esta vez venía a su casa para quedarse, y tuvieron que salir otra vez pies-para-qué-os-quiero, generando una nueva oleada de exiliados que esta vez se dirigió hacia Viena.

Felipe V de Borbón
Los exiliados, al ser de una cierta importancia social, estaban en su mayoría subvencionados con pensiones de diversa cuantía directamente por el tesoro de los Austrias, pero cuando la guerra aprieta, las arcas adelgazan, y estos cientos de desplazados les resultaba una carga económica un tanto incómoda. Fue por ello, por lo que el gobierno austríaco les dejó de pagar la pensión y los envió a una provincia limítrofe con el Imperio Turco y que había sido arrebatada a los turcos hacía relativamente poco tiempo -lo que se conocía como un "banato"- y que tenia por capital Temesvar, la actual Timisoara rumana.

El antiguo Banato de Temesvar se encuentra en la actualidad repartido entre Rumania y Serbia y corresponde a una amplia llanura aluvial formada por el río Danubio, y que en el momento de llegada de los exiliados catalanes era mayoritariamente una zona pantanosa totalmente insalubre y llena de mosquitos. En estas tierras tan "acogedoras" se establecieron y fundaron en diciembre de 1735 lo que llamaron como "Nova Barcelona" (Nueva Barcelona) a unos 100 kms al este de Timisoara y a unos 200 de Caransebes (ver Caransebes, la batalla más idiota de la historia). Bueno, la realidad era que el sitio ya tenía su nombre propio, Beckskerek, pero como era impronunciable para los colonos, le pusieron otro más fácil para ellos.
Carlos VI de Habsburgo

El gobierno de los Habsburgo, como les dejó de pagar las pensiones, les dio una subvención inicial y toda una serie de facilidades fiscales con la idea de que se empezaran a ganar las algarrobas por sí mismos y dejaran de ser una carga para el imperio. La idea era buena, si no hubiese sido porque el contingente de colonos (unos 800) eran en su mayoría gente mayor achacosa, funcionarios urbanitas recalcitrantes, responsables políticos y antiguos militares, o lo que es lo mismo, gente más estropeada que la cama de un loco, que no había pegado un palo al agua y que no había visto el campo en su vida. A pesar de ello, los catalanes plantaron las primeras moreras en la zona -cultivo que aún persiste- y se establecieron unos primitivos talleres de confección de seda. Pero con tan solo un 10% de gente hábil, el "éxito" estaba más que asegurado... y así fue.

Plano de Nova Barcelona
Las condiciones de vida en los pantanos del Danubio eran durísimas, y las enfermedades infecciosas hicieron mella en los colonos, con epidemias de malaria y peste incluidas. Para más inri, la zona fue zona de conflicto entre los turcos y los austriacos, siendo invadido por los turcos que incendiaron los talleres de seda, hundiendo la incipiente forma de vida de los habitantes de Nova Barcelona. Todo ello diezmó la población hasta reducirlos a 347 en muy poco tiempo lo que llevó a los supervivientes a abandonar el asentamiento en junio de 1738.

Menos de 3 años duró la colonia de Nova Barcelona, que se rebautizó como Nagy Beckskerek, y que fue el germen de la actual ciudad serbia de Zrenjanin, a unos 70 kms al norte de Belgrado. No se tiene noticia de cual fue la suerte de los supervivientes, ya que solo se sabe que abandonaron Nova Barcelona de forma desordenada y se dirigieron mayoritariamente hacia Viena, perdiéndose su pista en medio de los archivos del Imperio Austrohúngaro.
Casi 300 años después, la memoria histórica rinde homenaje a aquellos catalanes que, vencidos por las adversidades, cubrieron de un sórdido silencio de vergüenza el dolor, la miseria y la melancolía de un exilio que jamás debió producirse. 
Vista actual de Zrenjanin, antigua Nova Barcelona

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