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miércoles, octubre 02, 2013

Bertha Benz y el primer viaje en automóvil

Motorwagen nº3
A menudo se dice que detrás de todo gran hombre, hay una gran mujer, lo cual acostumbra a ser cierto. Numerosos personajes famosos han tenido en sus parejas el asesor o colaborador perfectos, pero pocos tan decisivos como el caso de Bertha, la mujer del alemán Karl Benz -uno de los inventores del automóvil-, ya que sin su concurso, a estas horas posiblemente iríamos todavía a lomos de caballo.

Bertha Benz (1849-1944)
En 1871, Karl Benz ya llevaba unos cuantos años enfrascado en el desarrollo de un vehículo autopropulsado por un motor de explosión. El proyecto prometía mucho pero cumplía poco, sobretodo por la falta de financiación, que no le permitía avanzar en las mejoras técnicas necesarias para implementarlo. En viendo el problema que tenía Karl, e intuyendo la viabilidad del invento, Bertha Ringer, su prometida, decidió apoyarle económicamente, pasando desde entonces a ser su socia, decisión que se mostró crucial para la historia del automóvil. Al año siguiente, en 1872, él con 27 y ella con 23 años, se casaron, tomando entonces el nombre de Bertha Benz, nombre con el que es normalmente conocida.

Los años pasaron entremedio de patentes, ruedas, y cilindros en funcionamiento que dieron como resultado a 5 hijos y a toda una serie de triciclos autopropulsados que más o menos funcionaban. Sin embargo los vehículos no acababan de llamar la atención, ya que los desplazamientos eran siempre muy cortos y con asistencia técnica, lo cual no era nada atractivo a los posibles compradores.

Recreación del viaje
Bertha, consideraba que el gran problema no era el aparato en sí, sino el marketing que se estaba haciendo de ellos y un día de principios de agosto de 1888, cogió a sus dos hijos mayores de 13 y 15 años y se fueron a ver a la abuela. La cosa no tendría nada de particular si no fuese porque Bertha cogió uno de los nuevos automóviles que había construido su marido -el modelo 3, concretamente-, y lo condujo hasta la casa de su madre en Pforzheim, que se encontraba a 106 kms de Mannheim, ciudad del estado de Baden (Alemania) donde vivía la familia Benz.

Farmacia de Wiesloch. 1ª gasolinera
Bertha, junto con sus hijos, partió al amanecer mientras que su marido estaba durmiendo, iniciando un viajecito que como mínimo se puede considerar como "entretenido" debido a los problemas que tuvo que solventar. Primeramente, la cadena de transmisión falló y tuvo que solicitar los servicios de un herrero para arreglarla; posteriormente se quedó sin combustible (ligroína, un derivado del petroleo utilizado como disolvente en laboratorios) y tuvo que comprar 10 litros en una farmacia; más tarde se le atascó el conducto de alimentación de combustible apañándoselas con una horquilla para desatascarlo y, por si aún tenia poco, arregló con una liga el cable de la ignición. Excepto eso y el susto que se llevaron algunos transeúntes al pasar a "toda velocidad", llegó sin más inconvenientes (si puede decirse así) a su destino por la tarde de aquel mismo día... para sorpresa de su madre. Aprovechó la llegada a Pforzheim para enviar un telegrama a su marido e informarle de su viaje.

Rojo, ida. Azul, vuelta
Al día siguiente, iniciaron el viaje de regreso por un camino diferente y, como era de esperar, también tuvieron inconvenientes. El más importante fue que, como había muchas subidas y bajadas, el freno se desgastó más rápido de lo que se esperaba y tuvo que ir a un zapatero a que le pusiera unas coberturas de cuero a los frenos, en lo que se convirtió en la invención de las primeras pastillas de freno. El trío de pioneros -Bertha y sus hijos se iban turnando en la conducción- regresaron a casa sanos y salvos a pesar de las averías, la absoluta falta de señalización del camino, del terrible estado de las carreteras y de haber tenido que empujar el trasto diversos kilómetros porque se quedaron sin ligroína. Una auténtica epopeya, vamos.

Carl Friedrich Benz
Una vez de vuelta a casa, Bertha explicó a su marido con pelos y señales todo con lo que se había encontrado y cuales eran las mejoras que tenía que incluir en sus vehículos, lo cual fue de fundamental para el posterior desarrollo de sus automóviles. Paralelamente, la noticia del viaje de Bertha Benz corrió como la pólvora por la prensa, creando una gran expectación que se tradujo en un espectacular incremento de ventas de sus vehículos. Bertha, que no olvidaría nunca aquel viaje, había querido demostrar a su marido que sus vehículos eran aptos para hacer grandes distancias (hasta entonces se utilizaba casi exclusivamente el tren) y, a la vez, quiso darle confianza para que continuara con ellas.
Ruta turística conmemorativa
Ahora tal vez no parezca gran cosa, pero la gesta de Bertha Benz fue épica. No solo por las dificultades técnicas -demostrándose como una experta conductora y mecánica- sino por las dificultades derivadas de su género. Tan solo por el hecho de ser mujer casada, jurídicamente ya no tenía derecho de actuación y, a pesar de ello, se fue por su cuenta y riesgo, sin avisar al marido, ni a las autoridades de su viaje, en una sociedad que aún tardaría 38 años en aceptar el voto femenino.
 
Aunque a tantos años vista, aquel pequeño paso de la humanidad se haya perdido en la inmensidad de pisadas posteriores, vale la pena recordar a quién machistamente piense "mujer tenía que ser" que fue justamente una mujer la que abrió la puerta a una nueva era que, para bien o para mal, cambiaría el mundo para siempre.


Monumento dedicado a Bertha Benz en Pforzheim


Webgrafía

2 comentarios:

Lilian Pombo dijo...

sus conceptos referentes a la mujer, Lilian Pombo de Gregory haciendo referencia a la figura de Bertha Benz.
Le comunico que quien le escribe desde Uruguay-Montevideo rendirá un Homenaje a la figura pionera de Bertha Benz en el Día Internacional de la Mujer 8-3-2016 en la Sala de la Embajada de Alemania en nuestro país.
Lo saludo con mi mayor estima
desde Montevideo- Uruguay
GC. Lilian Pombo de Gregory

Maríjose Luque Fernández dijo...

Es de admirar la tenacidad de esta mujer y su capacidad resolutiva